El debate sobre el nuevo relleno sanitario en Chillán Viejo va más allá de dónde poner la basura. Nos fuerza a preguntarnos qué futuro queremos construir aquí y para quienes vienen después.
Nadie puede desconocer que toda región necesita soluciones para la gestión de sus residuos domiciliarios e industriales. Es una realidad que debe enfrentarse con responsabilidad. Sin embargo, también es legítimo preguntarse si la respuesta seguirá siendo buscar nuevos lugares donde depositar la basura o si, por el contrario, ha llegado el momento de avanzar hacia una visión más moderna, sostenible y estratégica.
La gestión de residuos del siglo XXI no puede basarse exclusivamente en la disposición final. Antes de pensar en nuevos rellenos sanitarios, debemos preguntarnos cuánto de los residuos que hoy enterramos podría reciclarse, reutilizarse o transformarse mediante procesos de compostaje que convierten residuos orgánicos en productos útiles para la agricultura y las áreas verdes. Cada tonelada recuperada significa menos presión sobre el territorio, menos contaminación y una mayor vida útil para la infraestructura existente.
Esta reflexión cobra especial importancia en Ñuble, una región con una fuerte vocación agrícola, forestal y productiva. Los residuos no deben ser vistos únicamente como un problema, sino también como una oportunidad para avanzar hacia una economía circular que permita recuperar materiales, generar empleo y reducir los impactos ambientales.
Pero existe un aspecto aún más relevante. Las decisiones territoriales que tomemos hoy influirán durante décadas en la forma en que crecerán nuestras comunas. Por ello, la discusión no debe limitarse exclusivamente a un proyecto específico, sino también consideremos una visión de desarrollo, como ser, implementar un corredor estratégico conformado por Chillán, Chillán Viejo, Yungay, Campanario y Cabrero.
Este eje territorial posee características excepcionales para transformarse en un polo de desarrollo regional. Su conectividad vial, la disponibilidad de suelo, la cercanía a actividades agrícolas y forestales, el potencial logístico y las oportunidades para atraer nuevas inversiones representan una ventaja competitiva que no podemos ignorar. Por esta razón, resulta legítimo preguntarse si las decisiones que estamos adoptando contribuyen a fortalecer ese potencial o si, por el contrario, podrían condicionar las oportunidades futuras del territorio. La planificación regional debe ser capaz de compatibilizar el desarrollo económico, la protección ambiental y la calidad de vida de las comunidades, evitando concentrar permanentemente las mismas cargas ambientales en determinados sectores.
La ciudadanía tiene derecho a participar en esta discusión y a exigir transparencia, planificación y visión de largo plazo. No se trata de oponerse al desarrollo, sino precisamente de promover un desarrollo mejor pensado, más equilibrado y más justo para todos.
La sostenibilidad real se mide por lo que heredarán las próximas generaciones: una región más limpia, productiva y con oportunidades. Ñuble tiene una oportunidad histórica para integrar desarrollo, medio ambiente y bienestar. Porque un territorio no se mide por lo que construye, sino por su capacidad de proteger el futuro y mejorar la vida presente.
Jorge Bocaz Bocaz
Empresario Ingeniero Civil




