El estado del Puente Confluencia ha dejado de ser una preocupación técnica para convertirse en una señal de alerta mayor sobre la fragilidad del patrimonio en Ñuble. La reciente reunión encabezada por el director regional del Servicio de Patrimonio, Claudio Martínez, junto a representantes del Consejo de Monumentos Nacionales, el municipio de Chillán y concejales, no solo confirmó el deterioro del viaducto, sino que evidenció la urgencia de actuar con medidas concretas y, sobre todo, inmediatas.
El diagnóstico es claro y preocupante. Entre un 50% y un 60% de la estructura presenta algún nivel de deterioro, con sectores donde la madera simplemente se deshace. A ello se suman intentos de incendio y un uso indebido que ha acelerado su desgaste, incluyendo carreras clandestinas de motos y actividades nocturnas que ponen en riesgo tanto la integridad del puente como la seguridad de las personas. No es casual, entonces, que la autoridad haya sido categórica: el cierre del puente “no puede esperar”.
Las acciones propuestas, como el cierre temporal, la instalación de una garita de seguridad y la eventual incorporación de guías turísticos, apuntan en la dirección correcta. También lo hacen las gestiones para concretar una intervención integral a cargo de Vialidad, que permita no solo reparar, sino proyectar la conservación del viaducto en el largo plazo. La disposición de los municipios de Chillán y Portezuelo a coordinar esfuerzos refuerza la idea de que existe conciencia institucional sobre el valor de este Monumento Histórico.
Sin embargo, este caso también abre una pregunta incómoda: ¿por qué se llega siempre a este punto? El Puente Confluencia, construido en 1939 y considerado el viaducto de superficie de madera más largo del país, debió ser intervenido en 2021. Hoy, pocos años después, enfrenta nuevamente un deterioro severo. La historia parece repetirse, marcada por reacciones tardías frente a problemas que se arrastran por años.
Más aún, la preocupación por este emblemático puente contrasta con la realidad de otros monumentos de la región que permanecen en completo abandono. Ñuble cuenta con apenas 16 monumentos nacionales —entre Monumentos Históricos, Zonas Típicas y Santuarios de la Naturaleza—, cifra inferior al promedio país. Y dentro de ese reducido universo, varios inmuebles patrimoniales muestran un estado crítico sin que exista, hasta ahora, un plan claro de recuperación.
El caso del deteriorado templo y convento Los Carmelitas es ilustrativo. Las visitas técnicas y diagnósticos se repiten, pero las soluciones estructurales siguen pendientes. Así, el patrimonio regional se sostiene más en la voluntad de algunas instituciones y autoridades que en una política pública consistente y sostenida en el tiempo.
El Puente Confluencia, por su visibilidad y simbolismo, ha logrado instalar una urgencia compartida. Pero no debiera ser la excepción, sino la regla. La protección del patrimonio no puede depender de episodios críticos ni de la presión circunstancial, sino de una planificación permanente, con recursos, fiscalización y gestión adecuada.



