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O’Higgins, un hombre decimonónico

Mauricio Ulloa

El Libertador O’Higgins regresa a Chile en 1802, al morir su lejano padre, para recuperar el apellido, dejar de ser el “huacho Riquelme”, y para disputar la suculenta herencia paterna.

La época del retorno era aún de la “Siesta Colonial bajo el régimen monárquico”. Era un joven de 24 años que debía convertirse en agricultor para gozar durante seis años de una verdadera vida familiar y de una estabilidad económica, luego de las estrecheces y penurias vividas en Europa. Según Vicuña Mackenna, había recibido en Inglaterra la educación de un “Gentleman”, un caballero de comportamiento cordial, más el aprendizaje del inglés como su segundo idioma. Su padre quiso que estudiara “Comercio”, pero él aspiraba a una carrera militar en España.

Traía escondido en las entretelas de su abrigo un documento secreto entregado por Francisco de Miranda, su mentor libertario, con “Consejos de un viejo sudamericano a un joven compatriota” . Este privilegio no lo tuvieron ni Bolívar,  ni San Martín, por lo cual se intuye el pensamiento político del joven retornado a los pueblos “godos de Chillán y los Ángeles”, debiendo enrolarse en las sociedades patrióticas clandestinas de Concepción.

O’Higgins venía con un espíritu revolucionario independentista que aprendiera en Londres. Pero, además, traía su adhesión a la ideología del “progresismo”, dado que había sido espectador de la Revolución Industrial en acción, el “Take Off”, o el despegue del cambio económico social y cultural desde Europa al mundo. El historiador británico E. Hobsbawn ha llamado a esta época “el largo siglo XIX, como era de la Revoluciones 1789-1814”. O’Higgins pone en práctica estas ideas en la vida cotidiana, construyendo la Finca de las Canteras con carpinteros ingleses que llegaban en los barcos, en intercambio comercial.

Introduce cultivos, arados de fierro, apotrera las tierras cultivables con la rotación de cultivos, molinos y construye ranchos para los campesinos que vivían en inmundas chozas. Había visto navegar barcos a vapor, el inicio de los ferrocarriles y las máquinas en las industrias. Era la maravilla del industrialismo. Todo un mundo nuevo que trata de replicar en estas tierras colonizadas. Su pensamiento político de Gobierno era “cómo hacer feliz a los pobres, aunque fuera por la fuerza”, por lo cual a su gestión como Director Supremo se le ha llamado una “dictadura reticente”, aunque haya promulgado dos constituciones políticas. Económicamente impone el Neomercantilismo priorizando los superavit comerciales para elevar el nivel de vida ante las evidentes carencias de la mayoría de la población. El “Estanco”, impuesto colonial, propiciaba importaciones para el efecto, que terminó siendo una flaqueza por los manejos comerciales de su hermana Rosita, muy eficiente en los negocios.

Podría decirse que el Libertador fue como “extraterrestre” en el Chile Colonial arcaico, para quien pensaba y hablaba en inglés, tratando de imponer ideas progresistas que tardarán en imponerse solamente con el Presidente Bulnes, en la década de 1840. O’Higgins propiciaba la llegada de extranjeros para construir un Chile en el progreso decimonónico”, siguiendo las aguas del incipiente progresismo de su padre Don Ambrosio, en la economía e infraestructura vial del país .

Lo cierto es que el Libertador fue realmente un hombre del siglo XIX, que no podía ser comprendido por los que aún estaban viviendo las rémoras del colonialismo.

Marco Aurelio Reyes Coca
Historiador

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