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Obispo Ferrada puso el foco en seguridad y probidad: dejó fuera el desempleo

Mauricio Ulloa

El Tedeum de Fiestas Patrias de este jueves, encabezado por el obispo de Chillán, Andrés Ferrada, en la Catedral de Chillán; habló más del país que de la coyuntura política, pero incorporó algunos de los principales dolores sociales de Ñuble.

El mensaje, construido desde la gratitud y la corresponsabilidad, tuvo un tono pastoral cercano a una agenda pública concreta.

La delincuencia y el narcotráfico sí tuvieron un lugar explícito. Ferrada llamó a “vencer al narcotráfico y la delincuencia, especialmente la organizada” y respaldó a quienes enfrentan esa tarea: “Nuestros Carabineros y Policía de Investigaciones”. Vinculó el tema, sin embargo, con prevención, reinserción y las historias de abandono detrás de algunas trayectorias delictivas.

Ahí apareció uno de los pasajes más sociales de la homilía. El obispo puso el foco en quienes crecieron sin redes de protección y quedaron expuestos a abusos, explotación, consumo de sustancias o delincuencia.

“Con estos conciudadanos también estamos en deuda”, afirmó, llamando a tratarlos con “mayor benevolencia” y a ofrecerles nuevas oportunidades. Amplió así el debate sobre seguridad hacia sus causas, sin desconocer la responsabilidad personal.

También hubo un mensaje a quienes ejercen autoridad. Ferrada fue directo: “La probidad de los servidores públicos es una exigencia porque modela la convivencia”. No apuntó a nombres, partidos ni casos específicos; la crítica quedó en el plano de los principios, en un contexto de debate sobre confianza institucional.

Lo que quedó fuera del púlpito

La principal omisión fue económica. El obispo agradeció a “las mujeres y a los hombres de trabajo”, pero no abordó directamente el desempleo, la falta de oportunidades, los ingresos familiares o el costo de vida. Así, el trabajo apareció más como valor que como diagnóstico.

Tampoco hubo una alusión directa al clima político, la polarización o los extremos. Ferrada llamó a construir “la paz social y la amistad cívica” y a trabajar por el bien común, pero evitó responsables políticos, confrontaciones partidarias o debates legislativos.

El silencio sobre la disputa política también dice algo: optó por un terreno transversal.

La familia ocupó, en cambio, un espacio considerable. El obispo destacó a las “familias cristianas fundadas en el matrimonio y abiertas a la vida”, vinculándolas con estabilidad, crianza, adopción y cuidado de los adultos mayores. Es el tramo más marcado por su identidad confesional.

El cierre volvió al registro religioso, con la Virgen del Carmen. No buscó convertirse en discurso político, pero tampoco se refugió por completo en lo espiritual. Ferrada escogió seguridad, narcotráfico, vulnerabilidad, probidad, familia y baja natalidad, mientras dejó en segundo plano el empleo y la tensión política.

Su fortaleza estuvo en vincular seguridad con cohesión social y responsabilidad pública, sin reducirla exclusivamente al castigo. Su vacío, en tanto, en una contingencia económica que apenas aparece de manera indirecta. Fue más una exhortación a recomponer vínculos y deberes comunes, que un diagnóstico del momento.

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