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Los susurros del pasado

Alguien en una conversación respecto a la puesta en valor y conservación del patrimonio, en la cual se repetía una y otra vez como si fuera un rezo la frase “para clavar un clavo hay que pedir permiso al Concejo de Monumentos Nacionales”, lanzó la frase “no se trata de reconstruir literalmente una realidad, sino que de escuchar los susurros del pasado para construir el provenir.”

El auditórium guardó silencio y pareció reflexionar por un instante sobre el contenido de esta afirmación y qué significa para las comunidades conservar las huellas del pasado, esto es “escuchar sus susurros”. Los seres humanos desde siempre han intentado responder o responderse a sí mismo la pregunta “de adonde venimos”, los científicos, los filósofos, las religiones y también las personas comunes y corrientes han dedicado buena parte de su existencia a la búsqueda de una respuesta a esta pregunta filosófica.

Transita en el interior de cada uno de nosotros una permanente búsqueda de respuestas a esta y otras interrogantes sobre la existencia del ser humano y del universo, esta búsqueda es una constante desde los orígenes de las civilizaciones. Una prueba de la vigencia de esta práctica ancestral son los millones de chilenos que se volcaron a las calles el Día del Patrimonio. Si nos preguntamos a qué obedecía dicho impulso, la respuesta está en la necesidad de cada uno de encontrarse con su identidad más profunda, en este caso con un territorio y la cultura que emerge de él. ¿Por qué lo hacen? No es para reconstruir o recrear un pasado que ya no existe, sino para escuchar sus susurros en búsqueda de una identidad que le da sentido a la existencia de cada uno de nosotros.

Esto es muy difícil de explicar racionalmente, pues se sitúa, no en el ámbito de lo subjetivo como algunos sostienen, sino que en el de las emociones, lo cual es absolutamente objetivo. Conservar el patrimonio no es como alguna vez lo calificó alguien “un acto de romanticismo”, sino que la conexión de las personas con su territorio, lo que genera objetivamente un estado de bien estar, con todas las externalidades virtuosas que ello conlleva. La alta valoración de las personas en el Día del Patrimonio, de las fiestas costumbristas, de las manifestaciones de patrimonio inmaterial, del cultivo de costumbres y tradiciones, de la puesta en valor de la arquitectura que traspasa el tiempo, de las culturas ancestrales y también de los museos, son una prueba de ello.

Los museos a su vez son una poderosa herramienta mediadora para acercar los susurros del pasado a las personas y Ñuble tiene en el horizonte la concreción del Museo Regional, el cual no solo recogerá los susurros del pasado, sino que rescatará un valioso patrimonio ferroviario que es parte de nuestra identidad regional.

El Museo Regional cohabitará de manera complementaria con una no despreciable existencia de museos agrupados en la “Red de Museos de la Región de Ñuble”, que según declara tiene por misión proteger, conservar y difundir la historia e identidad local, vale decir visibilizar lo susurros del pasado.

Esta organización coordina la gestión de una quincena de museos temáticos generando espacios para mejorar su gestión. Son transversales, públicos y privados, en algunos casos fruto del esfuerzo personal de sus encargados. No siempre cuentan con suficiente apoyo, pues los recursos se focalizan en otras prioridades, sin comprender que los susurros del pasado son los que nos permitirá construir un porvenir más virtuoso, desde la identidad con un territorio y de las emociones que ello genera.

Claudio Martínez Cerda

Director Regional de Patrimonio Cultural

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