La elección de los intendentes fue considerada por la Fundación Chile Descentralizado como «la madre de todas las batallas descentralizadoras en el país». Dicho calificativo no hizo oídos sordos del deficiente traspaso de competencias que se materializó en la instalación de los gobiernos regionales, sino que, por el contrario, se entendió como un paso necesario, con todos sus defectos y virtudes, para avanzar hacia un país más justo con todos y cada uno de sus ciudadanos. Empero, hubo detractores que calificaron la elección de los gobernadores como un «polvorín de imprevisibles consecuencias para Chile». Algo de ello ha ocurrido.
En efecto, para entender dicho fenómeno sugiero el libro «Evolución Jurídica del Régimen Municipal en Chile (1541 – 1971). De acuerdo con dicha publicación, el Estado, nace de la necesidad de proteger a la población frente a la amenaza externa; el Gobierno se diseñó y pensó para funcionar de manera descentralizada.
En Chile, la evolución hacia un Estado con un sistema de Gobierno Central fue una consecuencia histórica, no deseada, de las guerras civiles que enfrentaron a connacionales. En este sentido, al analizar la conformación de las regiones, o unidades político-administrativas del país, se tuvieron a la vista elementos “duros”, “técnicos”, como su geografía física, económica y humana y además de los elementos histórico-políticos-culturales. Pero, sin solución para hacer frente a la superposición de funciones que entremezclan razones o intereses locales y de corto plazo, como las redes políticas y económicas locales y regionales, la existencia de caudillismos locales bien establecidos y la existencia de frágiles equilibrios entre éstos. Incluso razones de externalidades originadas por el prestigio local o regional pueden haber intervenido en las limitaciones adoptadas.
Lo ocurrido con el mal uso de recursos públicos en algunas regiones del país, han contribuido a fortalecer las barreras para el traspaso de competencias. En el caso de la Región de Ñuble, se han verificado problemas para alinear de manera virtuosa los intereses personales, políticos, económicos y administrativos con el anhelo de la población de generar las oportunidades para retener a los jóvenes talentos. Si bien, existen jóvenes que han optado por generar riqueza desde y para el territorio, aun se cuentan como casos de excepción. Los datos agregados dan cuenta de dicha realidad.
La senda de desarrollo de Ñuble se ha mantenido muy por debajo de su potencial de crecimiento. Inclusive, ha estado por debajo de regiones con atributos similares. En efecto, en los últimos 13 años el PIB de Ñuble creció en 1,6%. En igual período Los Ríos creció en 1,9%. De mantenerse la tendencia, el PIB de Los Ríos alcanzará al de Ñuble dentro de los próximos treinta años.
En esta problemática, no ha sido de mucha ayuda los incentivos electorales de los gobernadores regionales. Se ha priorizado el uso de migas para atraer las palomas (electores), abandonando la opción de generar un cambio real y sostenible en la generación de riqueza. Además, la estrategia de repartir migas no repara en los efectos negativos que subyace sobre los resultados. Se licuan los recursos regionales y se corre el riesgo de atraer agentes parásitos cuyos incentivos están desalineados con un territorio que busca el progreso económico y un mayor y mejor bienestar para su población.



