El sistema escolar atraviesa transformaciones de fondo que provocarán giros decisivos en la propiedad o estructura de gestión de algunas instituciones educativas en el segmento de los colegios particulares pagados. ¿Qué factores estructurales están acelerando esta deserción del modelo tradicional y cómo responderán las comunidades educativas ante estos cambios? Consideremos algunos antecedentes.
Hace cuatro años Hernán Herrera, presidente de la Confederación de Colegios Particulares, informó que en sólo dos años el sistema escolar había perdido 15.000 alumnos que asistían a establecimientos particulares pagados. Si bien las secuelas económicas de la pandemia aceleraron este declive, existen dinámicas previas que explican el fenómeno.
Por otra parte, hace un par de años el Centro de Estudios del Ministerio de Educación informó que en la última década casi se ha cuadruplicado la cantidad de escolares que han dejado de seguir su escolaridad en colegios formales de todas las dependencias y que han optado por la rendición de exámenes libres, es decir, sin tener que asistir a centros educativos. La flexibilidad que da el sistema de libre examinación y en otros casos el descontento de algunas familias con los procedimientos y costos de las escuelas, han incidido en una rebaja de la escolarización formal. En concreto, las nuevas exigencias, sensibilidades y expectativas de las familias contemporáneas ha llevado a pasar de 9 mil alumnos que en 2013 se inscribieron en la modalidad de rendir exámenes libres, a más de 33 mil en el año 2023.
Asimismo, hoy la baja en la natalidad en todo el país inclina aún más la matrícula escolar total, situación que ha quedado en evidencia con la caída sostenida de recién nacidos en los tres últimos años. Según los últimos reportes del INE y del Ministerio de Salud, la tasa global de fecundidad en Chile se sitúa cerca de 1,16 hijos por mujer, ubicando al país muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1). A nivel general, entre 2015 y 2023 cerraron 745 establecimientos en todo el sistema y abrieron solo 193. De hecho, el exministro de educación e investigador de la PUC, Harald Beyer, calcula que a causa de una disminución sostenida de alumnos en los próximos nueve años cerrarán cerca de tres mil colegios más, pertenecientes a todo tipo de sostenedor y ciertamente, en alguna medida afectará a los particulares pagados.
A este diagnóstico habría que sumar factores regionales. Entre otros, en zonas dependientes de la agroindustria, por ejemplo, la proyección de un ciclo económico adverso presionará el presupuesto familiar, empujando la migración de alumnos desde colegios pagados hacia otros sostenedores.
Con todo, estas dinámicas configuran un escenario difícil para el sistema general y crítico para algunas instituciones escolares: la reducción de alumnos no sólo tensionará la sostenibilidad financiera de varios centros educativos, sino que forzará, en ciertos casos, una reestructuración de su actual servicio educativo. Desde esta perspectiva, el verdadero e inminente desafío para la educación particular pagada no será únicamente llenar vacantes, sino agregar valor cualitativo a su proyecto pedagógico para ser competitivos ante una demanda en contracción estructural. Ahora bien, ¿tendrán los sostenedores y directivos la visión estratégica para liderar esta transformación antes de que las complejidades financieras sean irreversibles?
Germán Gómez Veas
Doctor en Filosofía de la Educación
Director General Lycée Jean Mermoz




