Señor Director:
Hay acontecimientos que desafían nuestra capacidad de comprender. La muerte de una joven de 18 años, ocurrida mientras regresaba a su hogar después de asistir a clases, es uno de ellos.
Era simplemente regresar a casa en bicicleta. Circulaba por la pista que le correspondía cuando una camioneta que venía en sentido contrario, por circunstancias que deberán ser esclarecidas, terminó cruzándose con su trayectoria. La consecuencia fue brutal e irreversible: una muerte instantánea.
¿Cómo puede ocurrir algo así? ¿Cómo es posible que una persona que actúa correctamente y respeta las normas encuentre la muerte de una manera tan inesperada? Todos tendemos a creer que actuar con prudencia ofrece alguna protección frente a la tragedia. Pero la realidad no siempre responde a nuestras expectativas.
Ante hechos como este surge una pregunta sobre nuestras responsabilidades colectivas. Aunque las circunstancias deban ser investigadas, debemos preguntarnos si existen decisiones, conductas o condiciones que pudieron ser distintas y que debieran corregirse.
Más allá de las causas técnicas o legales, quedan unos padres que esperaban el regreso de su hija y que nunca volverán a verla entrar por la puerta de su casa. Ninguna explicación podrá reparar esa ausencia.
Eugenio Arzola
Ingeniero Civil




