Señor Director:
Hablar de ciberseguridad como si fuera un problema lejano o exclusivo de grandes ciudades es un error peligroso. Desde Ñuble —y específicamente desde Chillán— puedo afirmar que la región no está fuera del radar del cibercrimen; al contrario, es un objetivo atractivo precisamente por su menor nivel de preparación.
Como hacker, he visto cómo municipalidades, servicios públicos, pymes e incluso centros educacionales operan con sistemas desactualizados, contraseñas débiles y una falsa sensación de seguridad. No se trata de falta de interés, sino de desconocimiento y postergación. Aquí, la ciberseguridad aún se percibe como un gasto y no como lo que realmente es: una necesidad básica.
Los ataques ya no distinguen tamaño ni ubicación. Hoy, un ransomware lanzado desde cualquier parte del mundo puede paralizar un hospital regional o dejar sin servicios a una comuna completa. Y cuando eso ocurre, no se afecta a “los sistemas”, se afecta a las personas. La ciberseguridad no se resuelve solo con discursos ni con comprar tecnología de emergencia después del incidente. Requiere planificación, capacitación constante y una decisión política y cultural de tomarse el problema en serio, también en regiones. Si en Ñuble no empezamos ahora a fortalecer nuestras defensas digitales, aprenderemos de la peor forma posible: cuando ya sea demasiado tarde.
Pablo Jara
Hacker ético – Chillán




