A las 12.28 horas de este miércoles, José Antonio Kast recibió la banda presidencial y la piocha de O’Higgins, convirtiéndose oficialmente en el Presidente número 35 de la historia republicana de Chile. Con 60 años, el líder del Partido Republicano inicia un mandato que se extenderá hasta el 11 de marzo de 2030, respaldado por una coalición de derecha y centroderecha que logró imponerse en la última elección presidencial.
La ceremonia de cambio de mando se realizó en el Salón de Honor del Congreso Nacional de Chile, ante más de mil invitados, entre autoridades nacionales, representantes diplomáticos y dirigentes políticos. El nuevo mandatario gobernará acompañado por su esposa, Pía Adriasola, quien asumirá el rol de Primera Dama, figura que había estado ausente durante la administración saliente de Gabriel Boric.
El inicio de este gobierno también marca un hito simbólico. Kast será el primer presidente en residir nuevamente en el Palacio de La Moneda desde que lo hiciera Carlos Ibáñez del Campo en 1958, retomando así una tradición histórica vinculada a la sede del Ejecutivo.
Una victoria histórica
El nuevo jefe de Estado llega al poder tras imponerse en la segunda vuelta de diciembre con el 58,1% de los votos, equivalente a 7.263.236 sufragios, la cifra más alta obtenida por un candidato en la historia electoral chilena. Se trató de su tercer intento presidencial, luego de competir en 2017 y 2021, cuando perdió en segunda vuelta.
Antes de la ceremonia, Kast aguardó en una sala protocolar del Congreso —habilitada actualmente como capilla— mientras se resolvía una controversia surgida durante la jornada. Horas antes, la Contraloría General de la República de Chile desestimó un requerimiento que buscaba impugnar el uso del escudo nacional en la banda presidencial, validando finalmente el símbolo que portaría el mandatario.
Ya en el Salón de Honor, Kast ingresó caminando por la alfombra roja hasta ubicarse frente a la testera. Al momento de asumir formalmente el cargo, respondió con un breve pero solemne “Sí, juro”, al ser consultado si prometía o juraba cumplir y hacer cumplir las leyes de la República.
La ceremonia fue encabezada por la senadora Paulina Núñez, quien horas antes había sido elegida presidenta del Senado, convirtiéndose además en la primera representante de la centroderecha en ocupar ese cargo en la actual legislatura. La nueva composición de la mesa del Congreso, junto con la elección del diputado Jorge Alessandri en la Cámara tras un polémico voto del diputado por Ñuble Felipe Camaño (ind-DC, ver página 6), fue interpretada por el entorno de Kast como una señal favorable para el inicio de su administración.
El mandatario saliente, Gabriel Boric, entregó la banda presidencial tras completar cuatro años en el poder, período que concluyó con niveles de aprobación cercanos al 30% según diversas encuestas. Pese a las tensiones que marcaron la transición, entre ellas la polémica por el denominado “cable chino”, denuncias de eventuales “amarres” administrativos y un complejo escenario fiscal, el acto de traspaso se desarrolló con estricta formalidad republicana.
Tras la firma de las actas que certifican su investidura, Kast recibió la banda presidencial con la ayuda de Núñez y posteriormente la piocha de O’Higgins, símbolo del poder presidencial, de manos del mandatario saliente.
Una jornada marcada por la seguridad
El inicio del día estuvo marcado por un hecho que conmocionó al país. Un carabinero fue baleado en Puerto Varas, quedando con muerte cerebral. El ataque se transformó en uno de los primeros temas abordados por el nuevo Presidente incluso antes de asumir formalmente.
Desde el Palacio Cerro Castillo, Kast anunció el envío inmediato de la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, a la Región de Los Lagos. “Cuando atacan a un carabinero nos atacan a todos nosotros y aquí va a haber un antes y un después”, afirmó.
El nuevo gobierno comienza en un escenario complejo. Durante la campaña, el sector de Kast habló de la necesidad de impulsar un “gobierno de emergencia”, apuntando a problemas como el deterioro de las cuentas fiscales, con un déficit estructural que llegó al 3,6% del PIB frente a una meta de 1,1%, y una extendida percepción de inseguridad.
A ello se suman desafíos como la reconstrucción en zonas afectadas por incendios en la zona centro-sur y un contexto internacional tensionado por conflictos como la guerra en Irán.
En el plano legislativo, Kast deberá gobernar con un Congreso fragmentado. Su sector se acerca a la mayoría en la Cámara de Diputados sumando a Chile Vamos y fuerzas de centro, aunque dependerá de acuerdos para impulsar su agenda. En el Senado, en tanto, podría contar con apoyos circunstanciales de otras bancadas.




