Señor Director:
Los incendios forestales que afectan a las regiones del Biobío y Ñuble han vuelto a poner a prueba la capacidad del país para enfrentar crisis de gran magnitud. Más allá de la destrucción visible, estas emergencias revelan una verdad esencial: en escenarios de catástrofe, el liderazgo, la coordinación y la comunicación rigurosa son tan determinantes como los recursos desplegados en terreno.
La gestión de crisis no comienza cuando el fuego ya avanza sin control. Comienza en la prevención, en la preparación de las comunidades, en planes de evacuación claros y en la educación sobre conductas de autoprotección. La ausencia de estas medidas aumenta la vulnerabilidad y tensiona innecesariamente los sistemas de respuesta.
A ello se suma un riesgo silencioso: la desinformación. En contextos de alta incertidumbre, los rumores y mensajes no verificados pueden generar pánico o decisiones equivocadas. La información oficial debe ser oportuna, clara y coherente. Cuando las autoridades comunican con precisión y transparencia, fortalecen la confianza pública y facilitan la cooperación ciudadana.
La coordinación entre instituciones, gobiernos locales, equipos de emergencia y comunidad es otro factor crítico. Sin liderazgo estratégico y canales de comunicación bien articulados, los esfuerzos se dispersan y la respuesta pierde eficacia.
Hoy, más que nunca, necesitamos entender que enfrentar catástrofes no depende sólo del combate directo del fuego. Depende de anticipar, organizar, comunicar y liderar con responsabilidad. En crisis como esta, la prevención y la gestión adecuada de la información pueden salvar tantas vidas como la acción en terreno.
Rodrigo Durán Guzmán



