Señor Director:
Hace algunos días, conversando con el dueño de una pyme, me contó que había terminado su jornada cerca de las diez de la noche. No estaba desarrollando un nuevo producto, visitando a un cliente ni pensando cómo hacer crecer su empresa. Estaba revisando facturas, ordenando gastos y viendo quién todavía no le había pagado. Probablemente esa escena se repite todos los días en miles de empresas.
Por eso, quizás la discusión sobre inteligencia artificial no debiera centrarse en cuántas personas puede reemplazar, sino en cuánto tiempo puede devolverles. Emitir facturas, perseguir pagos, conciliar el banco, ordenar gastos o preparar reportes son tareas necesarias, pero difícilmente son la razón por la que alguien decidió emprender. Son precisamente ese tipo de labores repetitivas las que hoy podemos comenzar a delegar en la tecnología. Hay otras que no deberíamos delegar tan fácilmente. Contratar a una persona, negociar con un cliente, decidir dónde invertir o definir el rumbo de una empresa requieren experiencia, contexto y, sobre todo, criterio.
Ahí está, a mi juicio, la verdadera oportunidad de la inteligencia artificial para las pymes: no reemplazar al empresario, sino devolverle tiempo para ser empresario.
Automatizar lo repetitivo. Mantener humano lo importante.
Tomás Guzmán, cofundador de Parrotfy




