Close

Fauna silvestre

La presencia de fauna silvestre en zonas urbanas de Ñuble, lejos de ser una simple curiosidad, constituye una señal que obliga a la comunidad a aprender cómo reaccionar. Los recientes avistamientos de zorros en Villa Kennedy, en Chillán, y en el centro de Ñipas, en Ránquil, muestran que la frontera entre los espacios habitados y los ambientes naturales puede ser mucho más permeable de lo que suponemos.

En ambos casos, afortunadamente, la respuesta fue la adecuada: se dio aviso a los organismos competentes y se activaron procedimientos destinados a proteger tanto a las personas como a los animales. En Villa Kennedy, el zorro chilla fue capturado por personal especializado del SAG, evaluado por veterinarios y posteriormente liberado en un ambiente natural apropiado. En Ñipas, en cambio, el zorro culpeo juvenil encontró una vía natural hacia un sector boscoso cercano al río y pudo ser ahuyentado de manera controlada, sin necesidad de capturarlo.

La diferencia entre ambos procedimientos es importante, porque demuestra que frente a un animal silvestre no existe una única reacción mecánica. La intervención debe depender de las condiciones del lugar, del comportamiento del ejemplar y de los riesgos existentes. Precisamente por eso resulta fundamental que sean especialistas quienes evalúen cada situación y determinen qué hacer.

El principal mensaje entregado por el SAG debería transformarse en conocimiento común: ante la presencia de fauna silvestre en una zona urbana, no hay que intentar capturarla, acercarse, perseguirla, alimentarla ni cebarla. Lo correcto es mantener una distancia segura y comunicar oportunamente el avistamiento al SAG o a Carabineros.

Puede parecer una recomendación evidente, pero las imágenes de un zorro recorriendo techumbres o patios inevitablemente despiertan curiosidad. En Ñipas, incluso la cercanía de una escuela hizo que numerosos estudiantes se interesaran por el animal. Esa curiosidad, sin embargo, no puede transformarse en persecución, aglomeraciones o intentos de contacto. El animal puede sentirse amenazado y reaccionar de manera imprevisible, mientras que las personas pueden exponerse innecesariamente.

También es necesario comprender que estos episodios no convierten a los animales en una amenaza por el solo hecho de aparecer en la ciudad. Los zorros cumplen una función en el equilibrio de los ecosistemas naturales y son fauna silvestre protegida por la Ley de Caza y su Reglamento. Su captura, caza o tenencia sin autorización está prohibida y puede ser sancionada.

Más allá de la anécdota, estos casos ofrecen una oportunidad para fortalecer la educación ambiental en Ñuble. Una región que combina ciudades en expansión, sectores rurales, bosques, ríos y áreas de alto valor ecológico necesariamente tendrá encuentros ocasionales entre fauna y población. Prepararse para ellos es mucho más sensato que reaccionar improvisadamente.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Leave a comment
scroll to top