Una investigación de diez años permitió observar un ciclo eruptivo completo del Complejo Volcánico Nevados de Chillán, desde las primeras señales de reactivación registradas en 2015, pasando por la etapa eruptiva y de mayor deformación, hasta la relajación del sistema a fines de 2025.
Una de las principales observaciones del estudio es que Nevados de Chillán continuó inflándose durante su principal fase efusiva. Esto sugiere que el sistema permaneció presurizado mientras se emitía lava. La investigación permitió identificar una fuente de deformación a unos 5,4 kilómetros de profundidad, vinculado a una zona de almacenamiento de magma que habría tenido un papel importante en la evolución del volcán.
El estudio, publicado en Bulletin of Volcanology, es encabezado por Blanca Symmes Lopetegui, geofísica titulada en la Universidad de Concepción, y cuenta con la participación de Francisco Delgado, Sabrina Metzger, Sergio Ruiz, Juan Báez, Leoncio Cabrera, Shaoyang Li y Alex Alarcón. La investigación integró registros sísmicos y mediciones geodésicas obtenidas mediante estaciones GNSS y observaciones satelitales InSAR de ALOS-2, Sentinel-1 y SAOCOM-1.
A partir de las observaciones, los investigadores identificaron tres períodos principales de deformación: una leve baja del terreno entre 2015 y comienzos de 2019, una inflación entre 2019 y 2022, con desplazamientos de hasta 25 centímetros; y una fase de deflación desde 2022, acompañada por una disminución progresiva de la sismicidad.
Durante la etapa de inflación, los investigadores estimaron un cambio de volumen de unos 48 millones de metros cúbicos en la fuente de deformación, una magnitud equivalente al volumen de unas 19 mil piscinas olímpicas. Este valor es entre dos y cuatro veces mayor que el volumen de lava emitido durante la erupción, estimado entre 10 y 20 millones de metros cúbicos, equivalente aproximadamente al volumen de 4 mil a 8 mil piscinas olímpicas.
“Esta diferencia, junto con el hecho de que la inflación continuó durante la principal fase efusiva del ciclo eruptivo, sugiere que una fuente más superficial permaneció presurizada mientras se emitía lava”, explicó la geofísica Blanca Symmes.
En tanto, la mayor parte de los sismos asociados a fracturas de las rocas se concentró entre 3 y 6 kilómetros de profundidad, en un rango similar al de la fuente de deformación identificada por modelación matemática. Durante la etapa de inflación, además, estos sismos se desplazaron unos 3 kilómetros hacia el noreste.
Su distribución y la ubicación de los centros eruptivos muestran una relación con el Lineamiento Cortaderas, una estructura de la corteza que podría estar condicionando tanto el almacenamiento más superficial del magma como las vías por las que el magma y los fluidos se desplazan bajo el complejo volcánico.
Aunque la última actividad eruptiva en superficie ocurrió en octubre de 2022, los cambios bajo el volcán continuaron durante los años siguientes. Tanto la deformación del terreno como la cantidad de sismos fueron disminuyendo progresivamente hasta fines de 2025. Los autores interpretan este comportamiento como una pérdida gradual de presión del sistema y un retorno paulatino hacia condiciones similares a las observadas antes de la erupción.
“Estos resultados muestran la importancia de mantener un monitoreo continuo y mediante distintas técnicas para seguir la evolución del sistema volcánico y detectar posibles cambios en su comportamiento”, destacó la investigadora.




