El inicio del primer episodio crítico de Gestión de Episodios Críticos (GEC) 2026 en la intercomuna de Chillán y Chillán Viejo no debiera sorprender a nadie. Cada año, con la llegada de las bajas temperaturas, la calidad del aire se deteriora y vuelve a instalarse un problema estructural que, pese a los avances, sigue lejos de resolverse de manera definitiva.
Es cierto que abril cerró sin episodios críticos, lo que representa una señal positiva en comparación con el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, este dato no debe generar una falsa sensación de tranquilidad. Las concentraciones de material particulado fino (MP2,5) se mantuvieron en niveles similares a los de años previos, confirmando que la contaminación sigue latente y que basta un cambio en las condiciones climáticas para que el escenario se agrave.
El diagnóstico es conocido: más del 80% de las emisiones proviene del uso de leña para calefacción domiciliaria. Se trata de una realidad compleja, profundamente arraigada en la vida cotidiana de miles de familias, muchas de las cuales no cuentan con alternativas accesibles para calefaccionarse. Por ello, el desafío no puede limitarse únicamente a la fiscalización o a llamados a la responsabilidad individual, aunque ambos sean necesarios.
El refuerzo de controles por parte de la autoridad sanitaria y de la Superintendencia del Medio Ambiente apunta en la dirección correcta, pero resulta insuficiente si no se acompaña de políticas públicas más agresivas y sostenidas en el tiempo. El recambio de calefactores, la promoción de energías limpias y la educación ambiental deben avanzar con mayor celeridad, cobertura y equidad territorial.
Al mismo tiempo, es fundamental reconocer que la gestión de la calidad del aire requiere un compromiso compartido. La ciudadanía tiene un rol clave en la adopción de prácticas menos contaminantes, como el uso de leña seca o la mantención adecuada de los equipos. No obstante, este compromiso solo será viable si existen condiciones reales que lo permitan, especialmente para los sectores más vulnerables.
En este contexto, la consulta pública del nuevo Plan de Descontaminación Atmosférica para el Valle Central de Ñuble representa una oportunidad relevante. No se trata solo de cumplir con un trámite administrativo, sino de construir una política más robusta, participativa y acorde a las necesidades del territorio.
La contaminación del aire no es un problema estacional, sino una amenaza permanente para la salud pública, particularmente para niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias. Por ello, más que reaccionar ante episodios críticos, el desafío de fondo sigue siendo anticiparse y transformar las condiciones que los generan.
Ñuble enfrenta, una vez más, su temporada más compleja en materia ambiental. La diferencia estará en si este año se logra avanzar desde la gestión de la emergencia hacia soluciones estructurales que permitan, de una vez por todas, respirar un aire más limpio.




