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El tornado que volvió a encender las alertas sobre la vulnerabilidad de Ñuble

Mauricio Ulloa

La irrupción del tornado el lunes recién pasado en la región de Ñuble dejó huellas en cuatro de sus comunas. Chillán Viejo, Bulnes, San Ignacio y El Carmen reportaron daños en infraestructura habitacional y pública.

En el caso de esta última comuna, el municipio informó cinco viviendas dañadas por la pérdida de su techumbre y un adulto mayor lesionado, además de afectación en bodegas, caída de árboles y alumbrado público en el sector de Rinconada. Chillán Viejo reportó la voladura del techo de una casa y la caída de especies arbóreas. Mientras que Bulnes comunicó al menos tres inmuebles afectados y San Ignacio, una casa y una empresa dañada.

No es la primera vez que este fenómeno meteorológico golpea a la región. De acuerdo a los registros históricos, San Carlos no olvida los tornados de 1981 y 2013. El primero, de categoría F3, dejó dos muertos y graves daños en la plaza de armas y el segundo, calificado F2, afectó infraestructura urbana, en general.

El impacto del evento reciente en Ñuble está bajo la lupa de los expertos. Si bien, en un comienzo, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) indicó que se trataría de un tornado de categoría F0, la más baja de la escala, el meteorólogo de la institución, Arnaldo Zúñiga, señaló que el fenómeno podría corresponder a un tornado de categoría F1, un nivel superior. Tampoco se ha confirmado si ocurrieron varios tornados o si correspondió a un solo fenómeno con múltiples puntos de contacto o “saltos”.

Espiral de viento

El ascenso de masas de aire y la rotación de éste en torno a su eje, son factores determinantes en la generación de un tornado.

“La energía de la atmósfera hace ascender masas de aire, es lo que llamamos convección. Esa energía está presente cuando también tenemos inestabilidad, por ejemplo; masas de aire cálidas y húmedas en superficie o niveles bajos y luego masas más frías y secas en niveles más altos. Lo otro es que haya una diferencia en la intensidad y dirección del viento. Eso genera rotación en la atmósfera y ese fenómeno, en estas escalas espaciales, se llama vorticidad, que es una rotación en torno a un eje”, explicó el climatólogo y director del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción, Dr. Martín Jacques-Coper.

El académico aclaró que hay características particulares que permiten distinguir estos eventos de una ráfaga de viento común.

“El tornado de una ráfaga de viento muy intensa tienen en común viento fuerte, pero el tornado lo tiene organizado en torno a un eje. O sea, es una rotación de viento en una estructura acotada de algunos metros de diámetro. Un remolino muy fuerte con eje vertical. Las ráfagas de viento pueden ocurrir, por ejemplo, en condiciones despejadas. Los tornados se dan cuando hay una tormenta con unas nubes que tienen un desarrollo vertical muy considerable y la base muy oscura. Cuando uno da registro de tornado, se ve evidentemente este espiral de viento toca la superficie. Además, tiene vientos que superan los 100 kilómetros por hora y un ruido asociado”, describió.

La zona centro-sur, donde está localizada la región de Ñuble, ha sido más propensa a estos eventos entre mayo y junio debido a sus características climáticas.

“Estos vientos que son muy cambiantes con la altura, por una parte, son típicos de las tormentas que conocemos en el centro-sur de Chile. Pero, por otro lado, necesitan también que haya energía en el ambiente. En general, muy al norte en Chile, no tenemos ese tipo de tormentas. Lo que vimos hace algunas semanas fue excepcional. Si uno va muy al sur, no hay mucha energía en un entorno muy frío”, indicó.

A pesar de los avances en el monitoreo meteorológico, Chile sigue enfrentando importantes limitaciones a nivel de predicción y preparación en esta materia.

Desde la mirada del docente UdeC, el desafío está en avanzar en planes específicos de riesgo tornádico, ya que esta realidad ha estado siempre presente en el territorio y hoy la capacidad de registro al instante permite validar la existencia.

“El diario titulaba que solo una comuna del Gran Concepción tiene un plan municipal de contingencia. Las otras tienen contemplado otro tipo de eventos, porque no están considerados dentro de nuestra normalidad y cotidianidad. En eso tenemos que avanzar, porque no es que nos hayamos vuelto un país de tornados, sino que siempre fuimos. Pero bueno, ahora estamos representándonos de forma más consciente”, comentó.

Para respaldar lo anterior, Jacques-Coper, recoge la evidencia.

“Tenemos un registro súper largo de tornados. En Chile hay un registro desde el siglo XVI hasta ahora. Pero claro, insisto, los tornados más recientes son más numerosos porque hay mejor capacidad de registrarlos. Entre los año 1959 y 1989, hubo una tendencia no a tornados, pero sí a condiciones propicias. Después, del 90 en adelante, no se ve una tendencia importante, pero uno puede decir, que también es esperable porque ha habido menos lluvias, menos tormentas”, recordó.

“Estamos actuando de forma reactiva”

En la misma línea, el ingeniero en prevención de riesgos y académico de Inacap, Wilfredo Muñoz, advirtió que Ñuble carece de una preparación y de una tecnología suficiente para predecir con anticipación el arribo de estos fenómenos atmosféricos.

“En nuestra región han ocurrido tornados, pero no tenemos la cultura de preparación para estos. Nuestra infraestructura no está preparada y no tenemos refugios subterráneos. Tenemos que entender que los tornados, al igual que los terremotos, para Chile y la tecnología hoy en día, son prácticamente impredecibles. Vamos a saber que puede haber un tornado tal vez un par de minutos antes, pero no vamos a tener tiempo de decir, ahora nos tenemos que refugiar, pero sí nos podemos anticipar con algunas cosas”, sostuvo.

En sentido, el docente planteó la inquietud de evaluar infraestructura subterránea en aquellas comunas más susceptibles a tornados, donde la población se pueda guarecer durante su trayectoria.

“El avance de los últimos años ha dicho que esto podría seguir avanzando, poder generar tal vez dentro de las políticas de construcción, en algunos sectores donde es más probable que esto suceda, refugios para tornados”, destacó.

Aunque reconoció que los costos asociados a la construcción de estos recintos podrían ser una barrera en la práctica, dado que el impacto de los fenómenos han sido acotado y no han afectado a un vasto sector de la población.

“Tuvimos que tener el terremoto Valdivia, que fue una tremenda situación destructiva en Chile, para generar estas políticas de construcción y de infraestructuras antisísmicas, que es muy buena, y un referente a nivel mundial. Si usted me pregunta hoy en día cómo política pública, porque tuvimos un tornado de categoría cero, voy a empezar a generar políticas para construir este tipo de instalaciones, creo que estamos bastante lejos de eso”, admitió el ingeniero en prevención de riesgos.

El Carmen fue una de las comunas más afectadas por el evento. Cinco casas con daños, caída de árboles y postes, además de un lesionado.

Frente a la ausencia de un plan, la preparación doméstica es clave ante un anuncio meteorológico, en particular en aquellos localidades proclives a eventos tornádicos.

“Si tengo elementos sueltos dentro de mi casa, en un momento frente a un tornado, van a salir proyectados y pueden salir hacia cualquier parte. Por lo tanto, lo primero es, por ejemplo, en este momento, donde todavía no hay tanto viento, no hay tanta lluvia, asegurar todos los elementos sueltos que pueda tener”, alertó.

“Se ha visto en redes sociales que hay mucha gente que se ha arriesgado con lluvia, con viento, a hacer reparaciones, estando en un techo de un segundo piso o a cuatro metros de altura, sin ninguna protección, con toda la inclemencia del tiempo, que afecta la seguridad. La persona no ve donde la superficie está resbaladiza. Entonces, si se cae, lo más probable es que le pase algo muy grave”, añadió el docente Inacap.

Las tormentas eléctricas constituyen otro escenario de riesgo, especialmente cuando las personas permanecen en espacios abiertos o intentan desplazarse durante la ocurrencia de descargas atmosféricas.

“Si tengo una situación muy disruptiva dentro de mi casa o en mi territorio, evitar salir. Por ejemplo, las tormentas eléctricas que son cargas y descargas atmosféricas. Finalmente, esta descarga se va a ir por el punto que le dé un recorrido más corto entre la fuente de energía, que esta descarga eléctrica que está en las nubes, hacia el suelo. Y si ese recorrido más corto soy yo con un paraguas en la mano, ese rayo va a pasar a través de mi cuerpo”, dijo.

La preparación también debe considerar elementos básicos que permitan enfrentar eventuales cortes de suministro eléctrico, interrupciones de caminos u otras consecuencias derivadas de un fenómeno meteorológico severo. En ese sentido, el académico recomendó disponer de un kit de emergencia en un lugar conocido y de fácil acceso dentro del hogar.

“Una mochila que tenga, por ejemplo, una linterna, batería para cargar el teléfono, una radio portátil, un botiquín, un par de botellas de agua, de agua potable, algunas barras de cereales”, precisó.

Muñoz planteó que, ante una situación de viento intenso y cuando existan antecedentes que permitan anticipar daños, es preferible tomar medidas preventivas con el suministro eléctrico.

“Cuando ocurren estas situaciones muy disruptivas, con mucho viento, debería, no esperar que se corte la energía, debería cortar la energía antes. Por ahí cayó un árbol y una línea eléctrica quedó sobre el techo de una casa y una persona se subió al techo y obviamente el techo estaba energizado.”, señaló.

“La normativa no menciona explícitamente un tornado”

El académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción y doctor en Ciencias de la Ingeniería, Sebastián Calderón, sostiene que para tornados de menor tamaño e intensidad media existen medidas constructivas que pueden contribuir a evitar daños, especialmente el desprendimiento de las techumbres.

“Podemos utilizar construcciones más en muro, albañilería, hormigón, por ejemplo. La techumbre, que son de cercha de madera, se tiene que conectar con una especie de bandas mecánicas que se embeben en los muros para que no solamente sea, por ejemplo, un perno o una conexión única, sino una conexión más profunda y alargada respecto al muro, donde pueda repartirse de alguna forma las distintas fuerzas en una mayor superficie y eso genera una mejor especie de anclaje”, destalló.

Uno de los principales desafíos, según Calderón, es determinar qué tan frecuente y severa es la ocurrencia de tornados en el territorio nacional antes de establecer nuevas exigencias estructurales. El académico UdeC advirtió que establecer normas específicas para tornados en todo el territorio podría generar un impacto considerable en los costos de construcción.

“Más que inmediatamente comenzar a incluido en la normativa, es comenzar a estudiarlo para la realidad chilena. ¿Qué tan frecuente es? Porque, por ejemplo, si se sitúa en la norma, eso va a implicar una serie de cambios en el diseño que van causar que sea mucho más restrictivo y que quizás para cumplir con alguna de estas prescripciones se encarezca mucho la estructura. Como no es tan frecuente, lo que se busca de alguna forma es reforzar y tratar de minimizar el daño”, expuso.

El especialista también llamó a considerar las particularidades de Chile frente a la experiencia internacional. A su juicio, no es posible trasladar directamente los estándares utilizados en países donde los tornados constituyen una amenaza recurrente.

“Por ejemplo, en la zona central de Estados Unidos donde hay tornados, puede ser la mayor preocupación y en cambio nuestra mayor preocupación son los terremotos. Entonces los tipos de estructuras son muy distintos. No podemos directamente llegar y copiar lo que se realiza en otros países”, comentó.

En países donde la ocurrencia de tornados de gran intensidad es habitual, las estrategias pueden incluir protocolos de evacuación y refugios especializados. Incluso algunas edificaciones críticas, como hospitales, pueden incorporar espacios destinados a proteger a las personas frente a estos fenómenos.

“Diseñar para el tornado es muy caro. Por eso, en otros países cuanto es muy grande el tornado, hay una estrategia de evacuación y algunas edificaciones críticas, por ejemplo, en un hospital donde es muy difícil evacuar, se diseña así o se diseña un refugio cercano”, añadió.

Para Calderón, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre aumentar la seguridad de las personas y evitar que las exigencias constructivas terminen elevando innecesariamente los costos de las viviendas.

El académico indicó que establecer exigencias obligatorias para una amplia extensión territorial podría terminar afectando a toda la sociedad mediante un aumento de los costos de construcción.

“Porque si no estaríamos exigiendo mucho nuestras construcciones y encareciendo mucho el diseño. Ese es el problema. Hacerlo exigible para una amplia extensión territorial hace que, por ejemplo, si alguien quiere cumplir y construir su casa de acuerdo a la normativa, y que lo calcule un ingeniero, va terminar siendo muy caro”, expuso.

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