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El ruido de la soledad

Señor Director:

A medida que se acercan las Fiestas Patrias, nuestro entorno se llena de invitaciones a celebrar. Reuniones familiares, amigos, fondas y redes sociales instalan un clima en que pareciera que todos debemos estar acompañados y contentos. Sin embargo, en medio de ese ambiente festivo existe una experiencia más silenciosa: la soledad.

Aunque solemos asociarla con la vejez, constituye un problema de salud pública que atraviesa todo el ciclo vital. Puede experimentarla un niño que no logra sentirse parte de su grupo, un adolescente intensamente conectado a una pantalla, un adulto rodeado de responsabilidades o una persona mayor, cuya red de vínculos se ha reducido. Sus determinantes cambian con la edad, pero persiste una experiencia común: sentir que los vínculos que tenemos no responden a aquellos que necesitamos.

Las celebraciones no producen necesariamente soledad, pero pueden amplificarla. Las imágenes de familias reunidas, amigos y mesas compartidas pueden aumentar la distancia entre aquello que observamos y aquello que vivimos. Nunca tuvimos tantas posibilidades de mirar la vida social de los demás, pero observar conexión no significa sentirnos conectados.

Quizás estas Fiestas Patrias puedan invitarnos también a mirar a quienes quedan silenciosamente al margen del encuentro. Un mensaje, una invitación o una conversación genuina pueden significar mucho. Porque, a veces, el ruido de la soledad se escucha con mayor fuerza precisamente cuando pareciera que todos los demás están celebrando.

Pablo Vergara Barra

Psicólogo, IBEM UDD

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