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El currículum como acto de fe

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Señor Director:

En Ñuble, buscar trabajo ya no es solo dejar papeles: es casi persignarse. Imprimir el CV en la mañana, caminar bajo el sol, entregarlo en una oficina donde alguien apenas lo mira. Volver a casa. Esperar. Y después, bueno, repetir. Como quien juega un número que nunca sale.

La verdad es que hay algo incómodo acá: el empleo dejó de ser camino y se volvió apuesta. Y es que los números no son fríos cuando te tocan: 8,9% sin trabajo, 26,5% en la cuerda floja de la informalidad, dice el INE. Pero detrás hay más: el técnico que maneja Uber, la profesora que vende ropa por Instagram, el joven que se fue porque quedarse dolía más.

Además, lo poco que aparece suele ser frágil: contratos cortos, sueldos que no alcanzan ni para el mes completo. ¿Y quién arma un futuro así?

Se nos fue haciendo normal achicar los sueños. Ajustar, postergar, callar. Como si trabajar digno fuera premio y no piso mínimo.

Y ahí está el riesgo, más silencioso que la cesantía: acostumbrarse. Porque cuando el trabajo se vuelve fe, el problema ya no es la economía. Es el país que estamos aceptando.

Ricardo Rodríguez Rivas

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