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Eje Libertad suma nuevos proyectos urbanos en Chillán

Gore Ñuble

Hay ciudades que se levantan después de una catástrofe y otras que convierten la reconstrucción en una manera de pensarse. Chillán pertenece a ambas. El terremoto de 1939 destruyó el 90% de sus edificaciones, causó más de 15 mil muertes y llevó al Estado a asumir un papel protagónico en la planificación urbana. De la devastación emergió una ciudad de calles amplias y rectas, fachadas continuas y arquitectura racionalista.

El plano oficial de reconstrucción, elaborado por el ingeniero Luis Muñoz Maluschka, reservó un eje para destacar la nueva arquitectura: la Avenida Libertad. La Estación de Ferrocarriles, el edificio de los Servicios Públicos —actual sede del Gobierno Regional y de la Delegación Presidencial—, la Catedral y el Hospital Clínico Herminda Martín fueron sus hitos. Casi un siglo después, ese trazado adquiere un significado renovado.

Una serie de proyectos del Programa Ñuble 250, que impulsa el Gobierno Regional, busca reactivar esa vocación articuladora. La cartera, revisada durante el cabildo regional realizado el miércoles en el nuevo salón Punilla del Gobierno Regional, puede modificar no solo puntos del mapa, sino también la relación de Chillán con su centro, su patrimonio y sus lugares de encuentro.

“Si lo vemos en perspectiva, se trata del proceso constructivo y de desarrollo más ambicioso en la historia reciente de la ciudad, solo comparable al Eje Libertad que planteaba el Plan de Reconstrucción de Chillán post terremoto de 1939”, afirmó el gobernador regional Óscar Crisóstomo Llanos.

La propuesta considera el Parque Ultraestación, el Museo y Archivo Regional, la recuperación del Cine O’Higgins, la restauración del edificio de los Servicios Públicos y el Parque La Rufina.

La comparación histórica revela que el valor estratégico de las iniciativas depende de su capacidad para operar como sistema. Una obra aislada mejora un lugar; una red coherente de espacios públicos, equipamientos culturales y edificios recuperados puede reorganizar la experiencia urbana.

Lugares patrimoniales y para el encuentro

Desde el ámbito privado, el presidente de la Cámara Chilena de la Construcción Ñuble, Ignacio Ruz Santana, subrayó el sentido compartido de la cartera. “Iniciativas como el Parque Ultraestación, el Museo Regional, el Archivo Regional, entre otros, tienen algo en común: contribuyen a recuperar espacios, poner en valor nuestro patrimonio y generar nuevos lugares de encuentro para la comunidad”, sostuvo. Para Ruz, esta es una oportunidad de volver a pensar la ciudad con una mirada de conjunto, como ocurrió después del terremoto.

La discusión trasciende la infraestructura. Las obras cambian la fisonomía urbana, pero también influyen en el modo en que una comunidad recuerda y proyecta su porvenir. Erwin Brevis, arquitecto y coordinador de Patrimonio del Departamento Ñuble 250, lo definió como un momento decisivo: “No estamos ante un paquete de obras aisladas, sino ante un proyecto con mirada a un siglo que busca saldar la deuda histórica con su memoria colectiva”.

La afirmación instala un horizonte exigente. Intervenir la ciudad significa atender necesidades actuales y decidir qué herencia se entregará a las próximas generaciones. Por eso, la modernización no puede construirse contra la historia.

El director regional del Patrimonio, Claudio Martínez, lo sintetizó así: “Chillán tiene una gran oportunidad: ser una capital regional moderna, pero a la vez ordenada y respetuosa de sus valores urbanos, históricos y culturales que le son inherentes”.

Importancia posterremoto

Desde la perspectiva técnica, el arquitecto del Serviu, Claudio Álvarez, sostuvo que el nuevo eje cívico podría entenderse como una versión contemporánea de la propuesta posterior al terremoto. En las obras observa “una clara intención por devolver la vitalidad al casco fundacional de una forma renovada”, con un remate paisajístico y ambiental representado por el Parque La Rufina.

La lectura es compartida por Sebastián Fredes, presidente de la Delegación Zonal Ñuble del Colegio de Arquitectos. El antiguo Eje Libertad consagró una visión institucional frente a la tragedia y abrió una nueva etapa para Chillán. “Lo que hoy está ocurriendo es una actualización de ese hito vector”, concluyó.

El desafío no consiste únicamente en ejecutar proyectos, sino en preservar la coherencia que les entrega sentido. Si el plan de 1939 ordenó la reconstrucción de una ciudad herida, el nuevo Eje Libertad puede ordenar una aspiración contemporánea: recuperar el centro, ampliar los espacios de convivencia, poner en valor la memoria y vincular desarrollo con identidad. Chillán no intenta repetir su pasado. Lee en él las coordenadas para imaginar su futuro.

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