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Desarrollo del turismo regional

Competir como destino turístico no solo supone contar con recursos, también implica buscar los elementos diferenciadores del destino y su público meta. Es decir, la motivación esencial del viaje y el perfil del visitante al que le haremos esa oferta.

Este proceso no es planificado desde el sector público, aunque sí en algunas etapas ha tenido miradas estratégicas, algunas que han logrado proyectarse, mientras otras se han desvanecido como consecuencia de ciclos políticos y ese lamentable afán de borrar lo realizado por la administración anterior respectiva.

Como sea, el principal engranaje de la industria turística regional, el sector privado, está construyendo su identidad, buscando –probablemente sin saberlo- su atributo principal y definiendo las características del destino Ñuble, que tiene a la naturaleza como su recurso primario y a la ubicación de esta zona como su característica central.

En cuanto al público meta, lo primero que hay que tener claro es que quienes nos visitan, unas 300 mil personas al año son, en su mayoría, turistas nacionales y hacia allá deberían destinarse buena parte de los esfuerzos de promoción, sin embargo, el número de turistas extranjeros sigue creciendo, principalmente de Brasil, con positivas perspectivas de continuar dicha tendencia. En ese contexto, se valoran los esfuerzos públicos y privados en materia de promoción, liderados por Sernatur, con apoyo del Gobierno Regional.

Material hay de sobra. Nuestra geografía diversa, la Cordillera de los Andes, el litoral costero y el Valle Central, junto a la cultura y nuestra gente, producen uno de los mix más variados y atractivos de Chile, con una ventaja comparativa importante, como es la cercanía, de modo que en cuestión de horas el visitante puede pasar de los imponentes paisajes montañosos de las Termas de Chillán, a la tranquilidad y confort de Cobquecura y Buchupureo.

Pero también tenemos debilidades y serias. Además de falencias en infraestructura -caminos, conectividad digital, agua potable, alcantarillado, suministro eléctrico-, hay cuestiones intangibles, asociadas a aspectos culturales, como las dificultades de acceso a la información (marketing y señalética), la dispar calidad de los servicios (comodidad, higiene, idiomas) y la preocupación por la protección ambiental de los destinos, tanto en la costa como la cordillera.

Estas debilidades son un gran obstáculo para el desarrollo del turismo local y pese a que requieren una menor inversión que las mejoras en infraestructura, parecen mucho más difíciles de superar.

También merecen atención ciertas amenazas para el sector, como el cambio climático y los desastres naturales, lo que ha sido evidente en los últimos años, con incendios forestales, sequía e inundaciones.

La Región del Ñuble reclama que el turismo local pase a una segunda fase de desarrollo y resuelva estas deficiencias con una visión estratégica de mediano y largo plazo, involucrando no solo a los empresarios, sino que a autoridades y a la sociedad en su conjunto. Solo así podrá lograr la sustentabilidad ambiental y económica que necesita el sector.

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