Hay historias que necesitan décadas para completar un círculo. El 16 de septiembre pasado, exactamente cuando se cumplían 53 años del asesinato de Víctor Jara, la Academia Latina de la Grabación anunció los nominados a la edición 2026 de los Latin Grammy. Entre ellos apareció “La casa de los espíritus”, banda sonora de la serie de Amazon Prime basada en la novela de Isabel Allende, nominada en la categoría Mejor Música para Medios Visuales. Y entre sus compositores aparece Víctor Jara.
El vínculo se produce a través de “Deja la vida volar”, composición que Manuel García volvió a interpretar para la producción. Junto a Jara aparecen Matthew Atticus Berger, Manuel García, Fernando Milagros, Marcela Millie Soto, Tomás Videla y Juan Pablo Villanueva. La ceremonia se realizará el próximo 12 de noviembre en Las Vegas.
La coincidencia resulta inevitable. El reconocimiento llegó el mismo día en que se conmemoraba su muerte y cuando faltaban apenas 12 días para el 28 de septiembre, fecha en que se cumplirán 94 años de su nacimiento, acontecimiento que obliga a volver la mirada a Ñuble.
Durante buena parte de su historia, distintas biografías situaron el nacimiento de Víctor Jara en Ñuble. Las versiones incluso variaban entre Chillán Viejo y Quiriquina. La propia Biblioteca Nacional, a través de Memoria Chilena, todavía detalla en su cronología que Víctor Jara nació el 28 de septiembre de 1932 en Chillán Viejo.
Sin embargo, aquella historia cambió con la investigación desarrollada por el periodista e historiador español Mario Amorós para su biografía “La vida es eterna”. En una entrevista concedida a La Discusión, Amorós explicó que logró acceder a documentación del Registro Civil que establece que Víctor Lidio Jara Martínez nació en Santiago el 28 de septiembre de 1932, y que su madre inscribió el nacimiento semanas después.
El hallazgo documental permitió aclarar una duda que había acompañado durante décadas a la biografía del artista. Pero para Amorós aquello no disminuye la importancia de Ñuble en su historia. Al contrario.
La conclusión que entregó durante aquella conversación con La Discusión fue categórica: la historia de Víctor Jara no puede entenderse sin sus años de infancia ligados a Quiriquina y, posteriormente, a Lonquén. Y posiblemente allí se encuentre una relación bastante más importante que la que puede establecer un certificado de nacimiento.
Quiriquina
Los primeros años de Víctor estuvieron vinculados al mundo campesino. Era hijo de Manuel Jara, trabajador agrícola, y de Amanda Martínez, una mujer cuya influencia terminaría siendo decisiva para su formación.
Las fuentes biográficas coinciden en describir a Amanda como cantora popular y guitarrista. Fue junto a ella que Víctor tuvo sus primeros contactos con las expresiones musicales tradicionales. Las celebraciones, reuniones familiares, faenas agrícolas y encuentros comunitarios eran espacios donde las canciones circulaban sin necesidad de discos ni partituras. Se aprendían escuchando y se transmitían entre generaciones.
A mediados de la década de 1950 comenzó a investigar las tradiciones musicales populares y posteriormente se incorporó al conjunto Cuncumén. Permaneció allí entre 1957 y 1962 y recibió, entre otras, la influencia de Margot Loyola. Con Cuncumén recorrió territorios, aprendió repertorios tradicionales y buscó llevar al escenario expresiones musicales que hasta entonces permanecían fundamentalmente vinculadas al mundo rural. En 1962 incluso dirigió la producción del disco Geografía Musical de Chile, su último trabajo con el conjunto.
Con los años su obra incorporó otros lenguajes, preocupaciones sociales, experiencias urbanas y elementos provenientes de distintas músicas latinoamericanas. Pero la matriz popular continuó presente. Incluso hacia el final de su vida regresó explícitamente a la recopilación tradicional con Canto por travesura, trabajo en el que participaron cantores populares como Pedro Yáñez y Santos Rubio.
Dentro de ese recorrido aparece “Deja la vida volar”. La canción fue publicada en 1966 y, seis décadas después, encontró una nueva vida en la voz de Manuel García. Su versión forma es de la banda sonora de “La casa de los espíritus”, publicada este año y compuesta por 26 piezas. El álbum completo es el nominado a Mejor Música para Medios Visuales de los Latin Grammy 2026.



