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Chillán Viejo: La comuna que busca el despertar definitivo en la Cuna de la Patria

En la monografía “Chillán Viejo, cuna de héroes y madriguera de bandidos”, el escritor y editor Darío Brunet escribió que su historia “es un tanto compleja. En realidad, su historia es la de Chillán, la ciudad mártir que, en su trayectoria de vida, ha estado expuesta a tantas vicisitudes, como pocas en el país. Chillán Viejo no es más que una huella lejana dejada a su paso por la ciudad de Chillán”.

Pese a que el texto data de 1951, esas palabras todavía encuentran eco más de siete décadas después. Sin embargo, entre una época y otra ocurrió un hecho que alteró el rumbo de esa historia: el 16 de diciembre de 1995, Chillán Viejo recuperó su municipio y, con él, la posibilidad de comenzar a construir una identidad propia.

Desde entonces, sus tres alcaldes —Julio San Martín, Felipe Aylwin y, actualmente, Jorge del Pozo— han impulsado, cada uno con su sello, un mismo propósito: despertar a una comuna que durante décadas no logró soltar la mano de la capital regional de Ñuble.

Si en 1925 el poeta Pedro Fuentes López la describía como una “villa dormida de ambiente colonial, con calles polvorientas, quintas arboladas y lares en la ruina”, ya en pleno siglo XXI los esfuerzos apuntan a pavimentar la totalidad de sus calles, atraer inversión, revitalizar el casco histórico y generar servicios e instancias de participación que ayuden a sus habitantes a reconocerse como parte de una ciudad y no simplemente de un barrio.

Uno de los funcionarios actuales más antiguos dentro del consistorio chillanvejano es el encargado de Cultura, Fabián Irribarra.

En su oficina, llena de libros de historia, mapas, esquemas y archivos, repasa la historia de la comuna con una anécdota que cristaliza exactamente cuál es la gran pelea cultural que se sigue dando.

“Cuando don Julio era el alcalde, un día yo iba caminando a tomar micro para ir a Chillán. Pasó en su auto y me dijo: Chico, ¿para dónde vas? Le respondí que al centro y me dijo que me subiera al auto, que él me iba a llevar. Después de dar unas vueltas y conversar un par de temas, se para frente a la municipalidad de acá de Chillán Viejo y me dijo: “Listo, llegamos”.

Un desconcertado Fabián Irribarra se dio cuenta que mientras él le decía -como toda la gente- “el centro”, al centro de Chillán, el alcalde le estaba intentando decir que Chillán Viejo también tenía un centro.

Tras explicarle la confusión, fiel a su estilo, San Martín le dice: “entonces toma una micro, yo te dejo hasta acá, no más”.

Unidos solo por una huella

En la memoria histórica de Chillán Viejo, el relato no comienza con la municipalidad ni con su separación administrativa, sino con un terremoto. Un quiebre que, según Fabián Irribarra, reordenó el territorio y dio origen a una identidad que tardaría siglos en formalizarse.

“Estamos desde la base de que Chillán Viejo parte en 1835, después del gran terremoto que obligó a reconstruir la ciudad y a trasladarla a su actual emplazamiento. Los vecinos que quedaron acá tenían una tradición que venía desde 1580, estaban arraigados en el territorio porque acá se fundó la ciudad”, explica.

Ese arraigo, agrega, no fue solo geográfico. En la zona convivían relatos asociados a figuras históricas como Bernardo O’Higgins o Pedro Lagos, pero también a bandoleros como los Pincheira y los Zapata, una mezcla que, según Irribarra, ayudó a construir una identidad particular, casi de frontera.

“De alguna manera, ese carácter perduró en el tiempo, como un sector heredero de hábitos propios del lejano oeste y los cowboys”, describe.

Por siglos -insiste- esto funcionó como un territorio con una identidad propia, aunque hoy la gente no siempre es consciente de ese pasado que forjó el carácter de la comuna en la actualidad.

A su juicio, el desconocimiento de esa historia se explica tanto por la falta de educación local como por los cambios demográficos.

“Ha llegado mucha gente de otras ciudades a vivir acá, y para muchos Chillán Viejo sigue siendo visto como un barrio de Chillán. Incluso hay quienes se sorprenden al saber que tenemos municipalidad y alcalde”, detalla.

Durante décadas, recuerda, la relación con la capital regional estuvo marcada por una conexión débil y desigual. “Antes había una huella de tierra que unía ambas localidades. No eran ciudades conurbadas como hoy. Y en ese contexto, muchas veces la ayuda que llegaba acá era menor”.

Un malestar colectivo

El cambio comenzó a mediados del siglo XX, con la apertura de caminos y el crecimiento urbano. Sin embargo, el imaginario colectivo seguía ubicando el límite en puntos como el antiguo Hospital San Juan de Dios, edificio que originalmente pertenecía a este territorio antes de su traslado tras los terremotos.

Con el tiempo, el límite administrativo se fijó en el sector de Paso de Piedra, pero ya hacia los años 80 comenzó a instalarse un malestar más evidente por la falta de apoyo desde la administración de Chillán.

“Según los libros de historia y los relatos de la época, esto también se explica por una falta de capacidad de las autoridades locales de entonces. Nos unían pocas cosas, incluso una línea de tranvía que conectaba ambas zonas”, comenta.

En ese contexto, comenzaron a surgir organizaciones vecinales y comités que impulsaron la idea de autonomía comunal. “Esto no cobra fuerza si no llega a la autoridad política. Ahí comienzan los lobbies, las reuniones y el trabajo de dirigentes locales”, añade.

Entre esos actores, menciona a familias como los Aburto, Castillo, Bustamante y Abello, además de la aparición de un medio local, El Chillanvejano, que ayudó a difundir el descontento y consolidar la demanda de independencia.

El proceso culminaría en 1995, cuando Chillán Viejo se constituyó oficialmente como comuna. Pero el inicio no fue sencillo.

“Las calles no estaban pavimentadas. Las luminarias no existían. La municipalidad recién empezaba a estructurarse. Al principio funcionaban en lo que hoy es la Casa de la Cultura, en el Parque Monumental”, recuerda.

Los primeros años estuvieron marcados por la organización básica del territorio: la formación de juntas de vecinos, comités habitacionales y estructuras comunitarias. “Había que construir la comuna desde cero”, resume Irribarra.

También hubo tensiones iniciales en la administración local, especialmente por la llegada de funcionarios externos en cargos municipales. “Muchos venían de afuera con la excusa de que acá faltaba experiencia. Eso generó molestia en los primeros años, aunque con el tiempo la situación se fue equilibrando”, explica.

Con la llegada de nuevas administraciones, encabezadas primero por Julio San Martín y luego por Felipe Aylwin, la comuna fue avanzando en infraestructura y organización, aunque no sin dificultades.

“Fueron procesos complejos, como ocurre en todas las comunas nuevas. Hubo avances, pero también momentos difíciles que incluso llegaron a tribunales”, comenta.

Hoy, bajo la administración de Jorge del Pozo, Irribarra sostiene que la comuna sigue en desarrollo, con mejoras visibles y nuevos proyectos en curso. Sin embargo, el desafío de identidad persiste.

“Cada vez que vienen autoridades nacionales al acto del 20 de agosto por el natalicio de Bernardo O’Higgins, siguen diciendo ‘estamos en Chillán’. A ver si eso cambia algún día”, concluye.

Invitando a los privados

Y aún no hay un centro. Hay una plaza, un parque que convoca a miles de personas en los festivales de verano, una sucursal bancaria y los típicos locales que no distan mucho de las antiguas pulperías.

“Pero tenemos toda la potencialidad para cambiar las cosas y en eso estamos trabajando”, dice un convencido Jorge del Pozo.

El alcalde, Jorge del Pozo,  anticipa la próxima apertura del Supermercado Acuenta, “que esperamos que traiga aparejado algunos locales o servicios adicionales. Chillán Viejo es una excelente plaza para que llegue algún strip-center o un Mall, porque es tranquila, segura y hay poder adquisitivo”.

Insiste en que “todas las seremis funcionan en Chillán y eso contradice el espíritu de lo que se estableció cuando se creó la Región de Ñuble, que era descentralizar y democratizar los espacios. Hoy hay proyectos habitacionales y de inversión en cursos, pero necesitamos que nuestros vecinos puedan resolver su vida en su comuna y seguiremos luchando para que eso ocurra”.

Quienes mecen la cuna

El que Bernardo O’Higgins haya nacido en Chillán Viejo y el que los restos de su madre y hermana sigan en el mausoleo del Parque Monumental, basta y sobra para que se la considera “La Cuna de la Patria”.

Hoy Chillán Viejo tiene 32.800 habitantes, aproximadamente, es decir, la tercera comuna más poblada de Ñuble, tras Chillán y San Carlos.

Afectados por ser una zona de sacrificio, debido a la instalación de rellenos sanitarios y planteles porcinos y avícolas, han estado luchando para evitar la llegada de nuevos actores que atenten contra el medio ambiente.

Del Pozo destaca como aspecto positivo, que el presupuesto municipal aumentara un 136% en el periodo reciente (alcanzando más de $12.300 millones de pesos para el ejercicio de 2025). Esto ha permitido financiar una robusta red de asistencia social (como la veterinaria municipal, becas y el programa de gas a bajo costo) y dotar de más de $91 millones en subvenciones e inversión de infraestructura vecinal mediante fondos como el Fondeve.

La comuna se ha convertido en un polo de desarrollo inmobiliario y de integración social. Destaca la aprobación ambiental y sectorial de grandes conjuntos residenciales (como proyectos aprobados por el Coeva que suman cientos de viviendas) y la innovación tecnológica mediante la proyección de viviendas industrializadas con tecnología alemana (como los comités del Portal Mariano Egaña), que optimizan los tiempos de edificación.

Mientras, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) ha avanzado sustancialmente en las obras de la Ruta N-59-Q (Chillán-Yungay), una arteria estratégica para el transporte productivo y la seguridad vial. Asimismo, se han ejecutado fuertes inversiones conjuntas de conservación del sistema de aguas lluvias y pavimentación urbana.

Felipe Ahumada

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