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Campesinos y ruralidad

Cedida

Señor Director:

Esta semana se está conmemorando el Día del Campesino, recordándose la publicación de las leyes de Reforma Agraria y de Sindicalización Campesina de 1967. Saludos entonces a todos los campesinos de Ñuble y sus familias.

No es lo mismo vivir en el campo, que vivir del campo. Tampoco es un asunto que, necesariamente, tenga que ver con el tamaño o propiedad de la tierra. El auténtico campesino es quien tiene una relación permanente y directa con la tierra y vive de ella. Es quien la administra, cultiva, riega, poda, cosecha, ara, maneja el ganado y está a cargo de todos los trabajos ligados al campo. Es quien conoce el saber tradicional y el oficio, aplicándolo a su diario quehacer.

Lo que se entiende como idiosincrasia campesina y la idea de “lo rural”, se encuentran en un proceso de profunda transformación, incorporándose actividades cada vez menos tipificadas como agropecuarias. Se han generado fuertes vínculos e interacciones de todo tipo con lo urbano, lo que se ha traducido en una población, culturalmente, cada vez más cercana a esos ambientes. En gran medida, esto se ha ido facilitando por la reducción de las distancias físicas y por la amplia penetración de las tecnologías de información y comunicación, sobre todo, en los más jóvenes. El Banco Mundial, en 2024, dio cuenta de ello, estimando que sólo un 12% de la población chilena se clasifica como rural y proyectando una disminución en la próxima década.

Las costumbres y la vida en comunidad en el campo han ido mutando a rasgos más universales y cada vez menos locales. Se está perdiendo el “ser campesino”. El arraigo a la tierra se ha ido diluyendo y las nuevas generaciones le dan la espalda al campo, no lo ven ni lo sienten.

Marcelo Moraga A.

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