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Baltazar Hernández y Encarnación Marinao

Mauricio Ulloa

Señor Director:

Si el gran profesor, pintor y escritor, Baltazar Hernández Romero estuviera vivo, este 8 de agosto cumpliría 102 años. Nacido tal día en 1924 y fallecido el 13 de enero de 1997, con don Balta, como le decían sus amigos, compartí cuando fui relacionador público y director de Cultura municipal de Chillán.

El ganador del Premio Municipal de Arte de Chillán 1959 conoció a la alfarera más antigua de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca de la que se tiene recuerdos, doña Encarnación Marinao Rosales. Estuvo con ella en 1959, cuando acompañó a Tomás Lago, en una visita a Quinchamalí.

“Para suerte nuestra esa vez conocimos a la ancianita Encarnación Marinao, nacida en los años 1850 y fallecida en 1958, hija de doña Catalina Rosales”, relató Hernández.

Ella vivió más de un siglo, en las serranías de Cuca, y fue la madre de Rosa y Soledad Zapata Marinao, también famosas loceras.

“La encontramos en el patio de su modesta vivienda rural, sentada, loceando, y había que tomarla en anda para trasladarla de lugar”, informó

Según don Baltazar, Encarnación se distinguió por moldear grandes piezas, tales como cayanas, ollas y azafates, y por ser la pionera en la producción y perfección técnica de la “Guitarrera”, cuyos orígenes se remontan al pasado.

Para él, doña Encarnación fue una representante excepcional del arte popular chileno y debiera estar viva en el recuerdo, simbolizado en la “Guitarrera”.

Carlos Alfonso Bastías Fuentes

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