Señor Director:
El Instituto Nacional de Estadísticas lo confirmó hace algunas semanas. La desocupación llegó a 9,4% en el trimestre marzo-mayo, el registro más alto en años. Detrás de estas estadísticas existen miles de personas buscando trabajo en un mercado que exige, cada vez más, habilidades que muchas veces no tuvieron oportunidad de aprender.
En ese contexto, el debate sobre la inteligencia artificial (IA) no puede seguir moviéndose entre el pánico y la promesa. El World Economic Forum estima que cerca del 39% de las competencias actuales quedará obsoleto antes de 2030. Ante este escenario, la pregunta no es si la IA destruirá empleos, sino si Chile está preparando a su fuerza laboral para las generaciones que vienen.
Ahí está la oportunidad que el actual escenario laboral no nos permite ignorar: el reskilling dejó de ser un beneficio corporativo para convertirse en una condición de empleabilidad. Y esto no distingue generaciones. Se asume que los más jóvenes dominan estas herramientas por haber crecido con ellas, pero muchos las usan sin formación específica ni criterio. Antes eso es clave brindarles orientación, no autonomía forzada.
Bien aplicada, la tecnología no reemplaza el juicio humano en la gestión del talento, lo libera. Automatizar tareas repetitivas permite a las empresas dedicar más tiempo a tareas que ningún algoritmo puede evaluar por sí solo: la trayectoria de una persona, su capacidad de adaptación, su encaje real con un equipo.
Con la tasa de desempleo en su punto más alto, el desafío no es elegir entre tecnología y trabajo humano. Es usar la primera para invertir mejor en el segundo. Las empresas que entiendan esto antes tendrán una ventaja que no está en el software, sino en las personas que lo usan con sentido.
Reyes Mancebo
Country Leader Eurofirms Group




