Con un aforo autorizado de 7.500 personas y un reforzado plan de seguridad, Ñublense recibirá el domingo 1 de marzo a Universidad Católica en el Estadio Bicentenario Nelson Oyarzún Arenas de Chillán, en un encuentro válido por la quinta fecha de la Liga de Primera.
Los detalles fueron abordados en una reunión de coordinación encabezada por la Delegación Presidencial Regional de Ñuble, instancia en la que participaron el delegado presidencial Rodrigo García Hurtado; el seremi de Seguridad Pública, Jorge Muñoz Álvarez; representantes del Ñublense; la Municipalidad de Chillán y Carabineros de Chile, entre otras instituciones.
Según explicó García, se aprobó el informe policial que fija un máximo de 7.500 asistentes: 2.000 entradas para la hinchada visitante en el sector sur y 2.300 para la barra local en galería norte. El partido comenzará a las 20:30 horas y las puertas del estadio se abrirán a las 18:30.
En materia de seguridad, se dispondrá de 97 guardias privados contratados por el club, además de cuatro supervisores. Carabineros implementará un despliegue especial, con un estándar similar al aplicado en partidos frente a equipos de alta convocatoria como Universidad de Chile y Colo Colo. Asimismo, se reforzarán los accesos con dos detectores de metales por puerta en galerías norte y sur, y se habilitarán 15 puntos de control de acceso e identidad en el recinto.
Medidas extraordinarias
Desde el Ejecutivo regional subrayaron que este tipo de encuentros exige medidas extraordinarias para prevenir hechos de violencia al interior y exterior de los estadios. La postura oficial apunta a que los partidos de alta convocatoria deben contar con planes robustos de control, coordinación interinstitucional y fiscalización efectiva, a fin de resguardar la seguridad de las familias y evitar incidentes que afecten el normal desarrollo del espectáculo deportivo.
Las autoridades recalcaron que el objetivo es replicar experiencias previas que han dado buenos resultados en Chillán, promoviendo un ambiente seguro y ordenado. En ese sentido, insistieron en que la responsabilidad es compartida entre organizadores, instituciones públicas y asistentes, reforzando el llamado a vivir el fútbol como una fiesta y no como un espacio para la violencia.

