Con la obra Relicario de mis Recuerdos, un contenedor de greda negra tipo olleta, con tapa, tres patas, vuelos y detalles esgrafiados de la tradicional alfarería de Quinchamalí, con la que buscó representar y atesorar las pérdidas familiares que ha tenido en el último tiempo, Mónica Venegas (61) ganó el Sello de Excelencia a la Artesanía 2026.
La distinción la entrega desde 2008 el Comité Nacional de Artesanía, que integran el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (Mincap) y la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con el patrocinio de la Oficina de la Unesco en Santiago y el Consejo Mundial de Artesanía Latinoamérica. Su objetivo es distinguir al artesanado nacional con criterios de calidad, innovación, sustentabilidad y potencial comercial.
“Esta pieza inédita la había hecho con anterioridad y cobró vigencia porque estos últimos años he sufrido varias pérdidas familiares; la semana pasada no más debí sepultar a uno de mis hermanos. Mi hijo mayor, Raúl, decidió postularme y no le tomé mucho asunto, hasta que me llamaron para avisarme que había ganado el sello. La gente antigua guardaba sus cosas más queridas en estos relicarios y eso es lo que quise representar”, contó la alfarera galardonada, quien es usuaria de Indap.
Este es el segundo Sello de Excelencia a la Artesanía que recibe Venegas. En 2017 lo obtuvo con Mujer Alfarera, trabajo con el que también fue reconocida por la Unesco. “Estas distinciones para mí son reflejo de que el camino que tomé cuando me volqué a este oficio no estuvo equivocado. Cuando descubrí la greda fui otra Mónica, me transformé. Fue una oportunidad de autonomía, de vida, de independencia, de crecimiento y de visibilizar nuestro territorio”, expresó.
Nacida y criada en Santiago, la artesana estudió confección de vestuario y en 1984 se radicó en la Región de Ñuble junto a su marido, pequeño agricultor con quien tiene cuatro hijos. Ahí las tías de su esposo la iniciaron en la alfarería: “Cocer la greda a más de 900 grados de temperatura, ver cómo las piezas pasan de rojo vivo a negro intenso, teñirlas, fue algo que no conocía y me cautivó. Ser artesana estaba predestinado para mí”, cuenta.



