En un campo de desplazados rodeado de basura y donde las únicas aguas accesibles son residuales, madres y médicos de niños con varicela relatan las penurias de convivir con la infección sin tratamiento antiviral en la Franja de Gaza, donde Naciones Unidas registró un total de 9.300 casos solo en las dos últimas semanas de junio.
En este campamento de Deir al Balah, en el centro del enclave gazatí y donde las tiendas se apiñan entre edificios y un vertedero frente al mar, medio centenar de vecinos hacen cola para rellenar bidones y botellas de agua. Yasmín al Daalís alivia con un abanico los picores de su hija Sundus, nacida pocos meses antes de que empezara la guerra en octubre de 2023.
“Mi hija padece piel de mariposa y, durante la guerra, contrajo varicela”, cuenta a EFE Al Daalís, señalando las ampollas de varios centímetros en el pequeño cuerpo de la niña.
En Gaza, donde obtener el tratamiento antiviral para esta infección es casi imposible, la solución para niños como Sundus es simplemente aguantar el dolor, aplicarse cremas antibióticas que no tratan el problema y esperar a poder salir de la Franja.
“Los antibióticos que no sirven de nada. La niña sigue igual. No veo que mejore ni un 1 %, sino todo lo contrario: su estado sigue empeorando. Lleva tres años llorando cada noche”, lamenta la madre, de solo 23 años.




