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Alerta odontológica

Señor Director:

En salud pública, las alertas parecen tener efecto: ordenan prioridades, movilizan equipos y convierten años de espera en semanas. El Plan de Alerta Oncológica acaba de demostrarlo: en 90 días dio respuesta al 95% de más de 30 mil casos postergados. Sería razonable extender la receta.

La siguiente alerta debiera ser odontológica. Al 31 de marzo, 506.024 personas acumulaban 531.550 interconsultas odontológicas No GES, más que cualquier especialidad médica por sí sola, además de 43.905 registros quirúrgicos. No es una fila cosmética: 144.549 interconsultas corresponden a rehabilitación oral removible, es decir, a personas que esperan volver a masticar. Cuando la alerta llega a la boca, sin embargo, parece bajar el volumen.

Capacidad hay. La red pública ya mostró que puede concentrar esfuerzos; los prestadores privados y las clínicas docentes universitarias pueden complementar. Los pacientes también han hecho su parte: llevan años aportando paciencia.

Toda lista de espera tiene un fin: ordenar el acceso para que la espera termine. Cuando una fila de esta magnitud se vuelve permanente, pierde su propósito. La odontología no necesita otro diagnóstico. Necesita su propia alerta.

Sebastián Zamorano Vidal

Centro Políticas Públicas en Salud UFT

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