La tragedia ocurrida el pasado 1 de noviembre en el río Maipo, en San José de Maipo, donde tres mujeres perdieron la vida durante una excursión de rafting, pone sobre la mesa una discusión que también tiene pertinencia para Ñuble: las condiciones de seguridad bajo las cuales se desarrolla el turismo aventura y, particularmente, la necesidad de contar con regulaciones y fiscalizaciones que estén a la altura de los riesgos que implica esta actividad.
San Fabián de Alico tiene en el río Ñuble uno de sus principales atractivos turísticos. Sus condiciones naturales, el paisaje cordillerano y las características de sus aguas han convertido al rafting en una actividad que convoca a visitantes durante buena parte del año y que representa, además, una oportunidad económica para los emprendedores locales. Se trata de un patrimonio natural que merece ser aprovechado, pero también protegido, especialmente cuando su utilización involucra actividades que pueden comprometer la integridad física de las personas.
Hasta ahora, los operadores de rafting de la comuna destacan que no registran accidentes que lamentar y atribuyen ese resultado al profesionalismo de sus guías, la preparación de los equipos y el cumplimiento de las exigencias para funcionar. Es una experiencia que no debiera llevar a bajar la guardia. Por el contrario, constituye una buena base para avanzar hacia estándares más exigentes y homogéneos de seguridad.
Resulta relevante la disposición expresada por el municipio de San Fabián para elaborar una ordenanza específica que regule este deporte aventura. Su implementación permitiría establecer reglas claras sobre las condiciones de operación, las competencias y certificaciones de los guías, el equipamiento obligatorio, los protocolos de emergencia y los criterios para suspender los descensos cuando las condiciones del río representen un peligro.
Uno de los aspectos más preocupantes planteados por los propios empresarios es la existencia de personas que realizan descensos con balsas particulares, sin permisos, documentación ni preparación acreditada. Esta situación revela una brecha que debe ser abordada con urgencia. La fiscalización no puede concentrarse exclusivamente en las empresas formalizadas, que ya deben responder a determinadas exigencias, mientras actividades informales o recreativas quedan al margen de cualquier control. La seguridad debe ser una condición transversal, independientemente de si existe una transacción comercial.
La coordinación anunciada entre la Delegación Provincial de Punilla, Sernatur y el Ministerio de Economía constituye una oportunidad para fortalecer las inspecciones y revisar si los actuales procedimientos de registro y fiscalización son suficientes. La regulación municipal, por su parte, debe complementar las disposiciones nacionales y no convertirse en un instrumento aislado.
El turismo aventura necesita reglas claras para crecer de manera sostenible. Un accidente grave no solo tiene consecuencias humanas irreparables, sino que también puede afectar la confianza de los visitantes y la reputación de un destino turístico completo. San Fabián ha construido una oferta reconocida en torno a su entorno natural y no debiera esperar a que ocurra una tragedia para perfeccionar sus mecanismos de prevención.



