Ucrania respondió este domingo a las últimas decisiones en favor de Rusia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzando el mayor ataque de la guerra contra la segunda ciudad del país vecino, San Petersburgo.
Unos 150 drones hicieron estragos durante la madrugada en la infraestructura petrolera, logística y digital de la ciudad natal de Vladimir Putin.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, había reanudado el jueves los ataques contra las refinerías rusas después de que Trump anunciara una tregua energética que Rusia ignoró -76 ataques rusos contra objetivos energéticos desde entonces, según Kiev-, pero el bombardeo del domingo fue más allá, ya que prácticamente paralizó durante unas horas una ciudad de más de cinco millones de habitantes.
Los ataques provocaron incendios en dos terminales de petróleo. Uno de ellos (Ruchi) es el más grande de la ciudad con una capacidad de almacenamiento de casi 74.000 metros cúbicos.
Esto tiene lugar poco después de que la Casa Blanca sellara con el Kremlin un acuerdo para el suministro de diésel ruso a EE.UU. y el mercado internacional, bombeo que aún no ha comenzado, con el supuesto fin de reducir los precios del combustible antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
Trump, quien había frenado en el último momento la entrada en vigor el domingo del paquete de sanciones conocido como Ley Graham, que castigaba a los importadores de petróleo ruso, dijo claramente que su prioridad no eran los ucranianos, sino los granjeros y camioneros americanos.



