La donación de órganos atraviesa un año de menor actividad en Ñuble. El Hospital Clínico Herminda Martín de Chillán registra un solo donante efectivo durante 2026, cifra que marca una disminución respecto de los cuatro procuramientos multiorgánicos concretados tanto en 2025 como en 2024.
El único procuramiento de este año se realizó en mayo y permitió beneficiar a tres personas que se encontraban en lista de espera para un trasplante, luego de que una familia ñublensina respetó el deseo expresado en vida por su familiar.
De acuerdo con la Unidad de Donación y Procuramiento de Órganos y Tejidos del Hospital de Chillán, la disminución también se observa en el procuramiento de tejidos.
“Este año no ha sido tan bueno, y en comparativa con el año anterior, han ido a la baja las donaciones efectivas. Lamentablemente este año solo llevamos un donante efectivo y varias negativas familiares. Con respecto a los tejidos, también ha ido en disminución este año, más que nada es porque no ha habido pacientes programados para cirugías, para poder procurar. Pero sí, lo que hemos tenido harto este año es de aquellos tejidos que se procuraron en años anteriores, se han utilizado en el hospital para el tratamiento de pacientes con heridas, cirugías oftalmológicas, entre otros”, explicó Catalina Pérez, enfermera coordinadora de la Unidad.
En el ámbito nacional, la situación también da cuenta de una brecha entre la cantidad de personas que necesitan un trasplante y la disponibilidad de órganos. Este año se contabilizan 168 donantes efectivos y 493 trasplantes realizados (corazón, pulmón, hígado, renal y páncreas), mientras que 2.277 personas de todo el país permanecen en lista de espera.
El impacto de cada procuramiento depende de la edad, las condiciones clínicas del donante y el estado de los órganos. En el caso de un donante multiorgánico cuyos órganos se encuentren en buenas condiciones, pueden llegar a beneficiarse hasta siete personas.
“Hasta los 55 años puede ser un donante multiorgánico, pero si es un donante de mayor edad, ahí se va restringiendo un poco, y podría ser solamente donación de riñones y de hígado; y hasta los 65 años solamente de pulmón. Además de la edad, también limita la condición de cada órgano del paciente, que se evalúa en el momento con los exámenes. Si todos los órganos tuvieran buenas condiciones, por ejemplo, en un donante de 55 años o menos, se podría ayudar hasta siete personas”, detalló Pérez.
Entre los órganos que pueden procurarse se encuentran corazón, pulmones, hígado, riñones y páncreas. En cuanto a tejidos, que pueden provenir de donantes fallecidos o vivos, el hospital mantiene programas de donación de piel, membrana amniótica y córneas.
Karina Muñoz, enfermera coordinadora de la Unidad, recordó que de acuerdo a la legislación chilena “todas las personas mayores de 18 años son donantes de órganos, a menos que se acerquen directamente a una notaría e indiquen que no quieren ser donantes. Los menores de edad también pueden serlo, pero tiene que ser bajo la autorización de la familia. Se podría ser donante desde los 6 meses de edad hasta los 78 años, 11 meses y 29 días”.
Cuando existe un potencial donante, se procede a la evaluación bajo criterios clínicos establecidos y siguiendo los procedimientos correspondientes. La Unidad de Procuramiento se incorpora para brindar acompañamiento a las familias, resolver dudas y explicar las alternativas existentes, este acercamiento se hace con respeto e información comprensible. Además, distintos equipos deben coordinar evaluación, mantención del donante, asignación, procuración y traslado de los órganos dentro de tiempos clínicos definidos.
“Siempre que llega un posible donante, una persona que llega con un daño neurológico a la Unidad de Cuidados Intensivos, siempre está el acompañamiento por parte de los colegas, la entrega de información por parte del médico y toda la resolución de dudas que las familias puedan tener. En el caso de que se certifique la muerte encefálica, nos podemos acercar a conversar con la familia, a resolver todas las dudas que tengan, si es que no lograron entender lo que significa la muerte encefálica, explicamos que es un posible donante de órganos, y todo el proceso a seguir”, indicó Muñoz.
La experiencia del propio recinto muestra el alcance que pueden tener estos procedimientos. En 2024, los cuatro procuramientos multiorgánicos permitieron beneficiar a 13 personas, mientras que durante 2025 los cuatro procuramientos concretados permitieron cambiar la realidad de vida de 10 pacientes a nivel nacional.
Promover la cultura de donación
Uno de los principales desafíos identificados por el equipo local es lograr que las familias conozcan y respeten la voluntad expresada por sus seres queridos, por eso enfatizan la importancia de conversar previamente este tema con sus cercanos, y comprender que la donación de órganos es un acto voluntario, altruista y solidario, que puede cambiar completamente la vida de una persona que necesita un trasplante.
Según las profesionales de la unidad, las negativas pueden producirse por miedo, desconocimiento del proceso o porque varios integrantes de una familia deben adoptar una decisión en un momento marcado por la pérdida de un ser querido.
“La población más joven está un poco más informada sobre el tema, y también tienen menos mitos asociados a esto, entonces es más fácil que accedan a la donación. En las personas mayores nos cuesta un poco más, porque quizás son más arraigados a ideas más conservadoras, también a más mitos, y en general con la población que es más rural, también nos cuesta más hablar del tema, netamente por la falta de información”, expresó Catalina Pérez.
Es por ello que uno de los focos de trabajo de la Unidad de Donación y Procuramiento de Órganos y Tejidos del HCHM está puesto en acercar información sobre donación a las comunidades rurales de Ñuble desarrollando acciones educativas a través de los Cesfam, establecimientos educacionales, universidades y radios rurales. La estrategia busca despejar mitos y explicar el proceso de donación, particularmente qué ocurre cuando una persona es declarada con muerte encefálica y cuáles son las etapas posteriores.
“La expectativa es poder aumentar el número de donaciones efectivas, que las familias puedan reconocer la voluntad, pero más allá de eso es informar a la población y que se queden con la idea de que deben hablar con la familia sobre cuál es su voluntad, no sabemos qué va a pasar mañana, no sabemos si alguno de nuestros familiares le podría ocurrir esto. Entonces, lo mejor en la conversación familiar, ponerse en este escenario, y que todo el mundo conozca qué es lo que nosotros queremos, ser o no donantes, y en base a eso, que la familia posteriormente, en alguna situación que se pudiera presentar, pueda respetar su decisión.
El Hospital Clínico Herminda Martín también participa en el proceso de estudio para trasplante renal. Actualmente, según los antecedentes entregados por la unidad, 91 personas integran la lista de espera y pueden ser llamadas para recibir un trasplante, mientras que más de 200 pacientes se encuentran en proceso de estudio para eventualmente incorporarse a esa lista.
Tres años y medio en diálisis y un riñón herradura
A sus 55 años, Wilson Rivas recuerda el 18 de julio de 2025 como una de las jornadas más importantes de su vida. Después de tres años y medio sometido a diálisis y esperando un trasplante renal, recibió finalmente el llamado que tanto había esperado: había un órgano disponible y debía viajar de inmediato desde Chillán a Santiago.
Wilson había sido diagnosticado con una enfermedad renal avanzada luego de varios años de tratamiento por diabetes. Tras consultar a especialistas en Concepción y posteriormente en Santiago, su condición empeoró hasta requerir diálisis.
Antes del trasplante, su rutina estuvo marcada por sesiones de aproximadamente cuatro horas conectado a una máquina para purificar su sangre. “Estaba muy amarrado a la máquina de diálisis. Cuatro horas acostado en un sillón, con agujas puestas en el brazo”, relata.
El llamado para el trasplante llegó durante la mañana. “Llamaron a mi señora y mi señora me informó a mí. Yo iba saliendo a mi trabajo. Tuvimos que viajar inmediatamente a Santiago por el tema de los tiempos de espera”, recuerda, agregando que llegaron a Santiago cerca de las 15:30 horas, después de los exámenes y evaluaciones correspondientes, a las 18:30 ingresó a pabellón.
“Tuve muchos sentimientos encontrados: miedo, alegría, incertidumbre. No era un 100% seguro que el trasplante se pudiera realizar por distintas circunstancias, pero fue mucha alegría. Es como si te sacaras un premio, ser un afortunado en la vida porque no todos desgraciadamente tienen la posibilidad de recibir un trasplante de riñón o de cualquier órgano”, cuenta.
El órgano que recibió Wilson tenía una particularidad que hizo todavía más compleja la intervención. Se trataba de un riñón en herradura, una malformación congénita en la que ambos riñones están unidos por sus extremos inferiores. Tras evaluar el órgano, los especialistas determinaron que podía ser separado y reconstruido para ser utilizado en dos pacientes.
“Fue un tema súper complejo, porque el riñón físicamente estaba en Santiago, pero administrativamente anduvo por todo Chile para ver quién lo podía separar”, explica Wilson.
Finalmente, el órgano fue derivado a la Pontificia Universidad Católica, donde un especialista con experiencia en este tipo de procedimientos, adquirida en Alemania, realizó la compleja intervención. “Gracias a Dios salió con éxito y se trasplantó a una persona del sistema público y a mí como beneficiario también del sistema privado. Tuvimos la opción de ser dos personas que pudiéramos tener una mejor calidad de vida”, señala.
El trasplante significó para Wilson dejar atrás una rutina que durante años estuvo condicionada por la diálisis. “Cuando tú ya te trasplantas, te cambia la vida al 100%, porque tienes la posibilidad de moverte, de salir donde tú quieras”, afirma.
Wilson no conoce la identidad de la persona que donó el órgano. Solo sabe que se trataba de una mujer de una edad relativamente cercana a la suya. Está profundamente agradecido a la decisión que la familia de la donante debió tomar en medio del dolor por la pérdida de un ser querido.
“Siempre agradecido del corazón que tuvieron en donar el órgano, porque debe ser muy complejo tener un familiar que fallece o que está diagnosticado con muerte cerebral, tener que desconectarlo y después tomar la decisión de donar los órganos”, reflexiona.
Por eso, su experiencia también lo llevó a valorar la importancia de conversar previamente sobre la donación y conocer la voluntad de cada integrante de una familia.
“Uno puede ser donante, pero cuando llega la hora de hacer la donación, si tu familia directa toma la decisión de no donar ningún órgano, ahí quedó la donación”, plantea.
Desde su experiencia, considera que la conversación familiar es fundamental para que una decisión tan trascendental pueda ser conocida y respetada.
“La donación de un órgano da vida a otras personas. Hay mucha gente que muere esperando un trasplante. También hay mucha gente que usan su red de apoyo, sus familiares, sus amigos, para para que le donen un riñón, y muchas veces no tienen la posibilidad porque no son compatibles. Debiese formarse una conciencia colectiva de que la donación es pro vida, es prolongar la vida que se apagó en algún minuto, pero en otra persona o en otras personas”, sostiene.
“Yo esperé tres años y medio. Afortunadamente salió mi trasplante y ahora me siento bien, puedo hacer muchas cosas, puedo seguir trabajando, tengo más ánimo y puedo compartir con la familia momentos que antes no tenía y es impagable”, agrega Wilson.




