Las cifras preliminares de las Cuentas Nacionales del segundo trimestre, dadas a conocer por el Banco Central, entregan una señal que merece ser observada con atención: mientras la economía chilena registró una contracción de 0,2% en el período, Ñuble logró crecer 1,1%. La diferencia no es menor, especialmente para una región que durante años ha enfrentado brechas estructurales de productividad, inversión y empleo.
El resultado regional, sin embargo, no permite hablar de una recuperación generalizada. El crecimiento estuvo impulsado principalmente por los servicios, con un aporte destacado de los servicios personales. En sentido contrario, la generación eléctrica, la actividad agropecuario-silvícola y la construcción restaron dinamismo. Es decir, Ñuble creció pese a que algunas de sus actividades económicas más tradicionales y relevantes mostraron retrocesos.
Hay, además, otro dato particularmente significativo: el consumo de los hogares aumentó 1,6%. El incremento fue explicado por un crecimiento generalizado de los servicios, aunque parcialmente contrarrestado por el menor gasto en combustibles. En una región donde el poder adquisitivo de las familias y el comportamiento del comercio son indicadores sensibles de la actividad económica, esta expansión constituye una señal positiva, aunque todavía insuficiente para extraer conclusiones definitivas.
Más alentador resulta el comportamiento de las exportaciones, que crecieron 28,1%. El aumento estuvo determinado por los envíos de productos manufacturados, especialmente alimentos y celulosa. Este dato confirma la importancia de agregar valor a la producción regional y de fortalecer una estructura exportadora que no dependa exclusivamente de materias primas.
Precisamente allí aparece uno de los desafíos centrales para Ñuble. La economía nacional se contrajo principalmente por el desempeño de la minería y, en particular, por una menor extracción de cobre. Ñuble, que carece de ese componente minero, tiene la oportunidad —y también la necesidad— de profundizar sus propias ventajas productivas: agroindustria, alimentos, industria forestal, servicios y capacidad exportadora.
Pero esa oportunidad requiere condiciones. La caída de la construcción regional debe llamar especialmente la atención, considerando su efecto sobre la inversión, el empleo y la actividad de numerosas empresas locales. Del mismo modo, la contracción agropecuario-silvícola plantea interrogantes sobre productividad, disponibilidad de agua, costos y adaptación a un escenario climático cada vez más exigente.
Las cifras del segundo trimestre muestran, en definitiva, una economía regional capaz de avanzar incluso en un contexto nacional adverso. El desafío es transformar ese crecimiento en una tendencia más amplia y sostenible. Para ello, Ñuble necesita inversión, infraestructura, innovación y políticas que permitan que sus sectores productivos no solo resistan los ciclos económicos, sino que aumenten su capacidad para generar empleo y valor.
Crecer 1,1% es una buena señal. Pero más importante que celebrar la cifra será comprender de dónde provino y trabajar para que sus motores sean capaces de sostenerla.




