La discusión del Presupuesto 2027 abre para Ñuble un desafío que va mucho más allá de una disputa por cifras. En una región que todavía arrastra importantes brechas de infraestructura, empleo, salud y conectividad, reducir la inversión pública no puede ser una decisión automática ni responder simplemente a un criterio uniforme para todos los territorios.
El escenario nacional, ciertamente, obliga a actuar con responsabilidad. Las cuentas fiscales requieren orden y el próximo Presupuesto se proyecta con un crecimiento bastante más acotado que el de este año. Pero precisamente por ello resulta indispensable que el ajuste sea selectivo y considere las realidades particulares de cada región. No todas parten desde el mismo punto ni tienen las mismas necesidades.
Para Ñuble, la señal conocida hasta ahora resulta preocupante. La Dirección de Presupuestos contempla una reducción cercana al 3% en los recursos de inversión regional, equivalente a unos $2.700 millones menos respecto de los $85.752 millones asignados para 2026. Se trata de recursos que se traducen en proyectos concretos, programas sociales, infraestructura y actividad económica, por lo que cualquier disminución termina teniendo efectos sobre la capacidad de la región para enfrentar sus propias prioridades.
Por eso, la primera tarea de las autoridades regionales y parlamentarias debe ser defender, al menos, el nivel de inversión alcanzado este año y procurar aumentarlo. No parece razonable que Ñuble, que aún figura entre las regiones con mayores rezagos en distintos indicadores, sea sometida a un ajuste que limite sus posibilidades de avanzar.
La discusión tampoco debe quedarse únicamente en cuánto dinero llega a la región. Una segunda dimensión, igualmente relevante, es la capacidad de ejecutar oportunamente esos recursos. De poco sirve conseguir un presupuesto elevado si los proyectos se entrampan durante años en diseños, licitaciones, permisos o burocracia administrativa.
Las cifras conocidas sobre ejecución de inversiones son una señal que debe ser tomada con seriedad. Acelerar la ejecución no solo permite concretar obras largamente esperadas; también genera empleo, dinamiza proveedores locales y contribuye a la reactivación económica. En otras palabras, Ñuble necesita más recursos, pero también necesita utilizarlos mejor y más rápido.
Y existe un proyecto que representa como pocos esta responsabilidad: el nuevo Hospital Regional de Ñuble. Después de 16 años de espera, la región está a las puertas de poner en funcionamiento una infraestructura que modificará sustancialmente la capacidad de atención sanitaria. Pero construir el edificio era solo una parte del desafío. Ahora viene lo más importante: contratar personal, adquirir equipamiento, obtener autorizaciones y asegurar los recursos necesarios para que pueda funcionar a plena capacidad.
Sería un contrasentido histórico que, después de una inversión de esta magnitud y de una espera tan prolongada, el hospital comenzara su operación con restricciones derivadas de falta de financiamiento. Las estimaciones de recursos adicionales para su puesta en marcha deben, por tanto, quedar debidamente incorporadas en el Presupuesto 2027 y en las asignaciones que correspondan durante este año.



