La decisión del Ministerio de Obras Públicas de licitar el estudio de ingeniería para la reposición de 24,6 kilómetros de la Ruta N-55, entre Los Lleuques y las Termas de Chillán, es una noticia clave para el turismo de Ñuble. No se trata todavía de la obra física, pero sí de un paso indispensable para que una de las principales vías de acceso turístico de Ñuble pueda comenzar a ponerse a la altura del destino que conecta.
El anuncio cobra especial relevancia después de un invierno en que el Valle Las Trancas y Termas de Chillán volvieron a demostrar su enorme capacidad de convocatoria. Durante las vacaciones de invierno, el destino registró un 73% de ocupación de sus alojamientos, la cifra más alta del país, confirmando que la cordillera de Ñuble dejó de ser hace tiempo un atractivo secundario y se consolidó como uno de los principales polos de turismo de nieve de Chile.
Ese éxito, sin embargo, también ha expuesto una debilidad que ya no puede seguir siendo abordada únicamente como una contingencia invernal. Cada temporada se repiten las escenas de congestión, largas filas de vehículos, estacionamientos saturados y restricciones de acceso. Cuando se suman nieve, hielo o malas condiciones meteorológicas, la presión sobre la ruta aumenta todavía más. El problema no es que Vialidad no haga su trabajo. Por el contrario, su despliegue para mantener despejado el camino y garantizar la conectividad ha sido fundamental. Pero la mantención de una ruta no puede confundirse con resolver sus limitaciones estructurales.
La Ruta N-55 fue una obra decisiva para acercar la cordillera a los habitantes de Ñuble y permitir el desarrollo turístico que hoy conocemos. Pero precisamente porque esa apuesta fue exitosa, ahora se requiere una nueva etapa. Una carretera que hace algunos años podía responder razonablemente a la demanda hoy enfrenta flujos que se concentran en determinados fines de semana y jornadas de invierno, generando situaciones de colapso que no pueden convertirse en parte normal de la experiencia de quienes visitan el destino.
Resulta valorable que el estudio de ingeniería considere una intervención integral. La reposición deberá analizar el ensanche de pistas, nuevas bermas y paraderos, mejoras de pendientes y curvas, renovación de drenajes y soluciones de seguridad vial. También deberá incorporar estabilización de taludes y medidas frente a avalanchas, además de la reposición de los puentes Marchant, Aserradero y Torrealba y un cobertizo en un sector particularmente expuesto a rodados y eventos de inestabilidad.
Todo ello demuestra que no se está pensando simplemente en una carretera más ancha, sino en una infraestructura capaz de responder a las características geográficas y climáticas de la cordillera. Es una diferencia importante.
La buena noticia debe complementarse, eso sí, con una mirada más amplia. Mejorar la ruta es indispensable, pero no suficiente. El crecimiento de Las Trancas y Termas de Chillán exige también ordenar estacionamientos, fortalecer el transporte colectivo, mejorar la información a los visitantes y gestionar los flujos en los días de mayor demanda.



