La conformación de la Mesa Territorial Participativa de la Reserva Nacional Los Huemules del Niblinto puede parecer, a primera vista, un paso administrativo más dentro de la gestión de un área protegida. No lo es. En un territorio donde la supervivencia del huemul enfrenta un escenario crítico, comenzar a construir de manera participativa un plan de gestión constituye una oportunidad para pasar de la preocupación a una estrategia concreta de conservación.
La Reserva Huemules del Niblinto, con cerca de 2 mil hectáreas, es uno de los principales refugios del huemul en Ñuble. Junto con la Reserva Nacional Ñuble, forma parte del núcleo de protección que ha permitido que esta especie emblemática siga presente en los Nevados de Chillán. Pero esa protección, por valiosa que sea, no basta.
El diagnóstico disponible es inquietante. El biólogo y especialista en conservación Anthony Povilitis ha advertido que la población de huemules de los Nevados de Chillán podría rondar apenas los 50 ejemplares y que su aislamiento está generando problemas de diversidad genética. A ello se suman amenazas conocidas: pérdida y fragmentación del hábitat, presencia de ganado y perros asilvestrados, enfermedades transmitidas por animales domésticos, incendios forestales y los efectos crecientes del cambio climático.
Por eso es importante que la discusión sobre Niblinto no quede circunscrita a los límites de la reserva. El desafío no consiste solamente en proteger a los animales que hoy logran ser observados y monitoreados mediante cámaras trampa y patrullajes. Se trata de asegurar que exista territorio suficiente, conectado y protegido para que la población pueda crecer, desplazarse y recuperar su capacidad de adaptación.
La Mesa Territorial Participativa que acaba de constituirse tiene un valor que va más allá de su composición. Incorporar a las comunidades, instituciones públicas, organizaciones y otros actores locales es indispensable para que la conservación no sea entendida como una decisión tomada desde una oficina distante, sino como una tarea compartida con quienes conocen y viven en el territorio.
La oportunidad es particularmente relevante considerando que desde marzo de 2027 el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas asumirá la administración de estas áreas. El proceso de transición desde Conaf debe ser aprovechado para fortalecer capacidades, actualizar instrumentos de planificación y establecer compromisos de largo plazo. No sería razonable que el cambio institucional significara partir de cero o perder el conocimiento acumulado durante décadas.
Tampoco debiera olvidarse que Niblinto forma parte de un ecosistema mucho mayor. El futuro del huemul depende de la conectividad entre áreas protegidas y de la conservación de sectores que hoy no cuentan con esa categoría. De allí la importancia de avanzar también en la recategorización de la Reserva Nacional Ñuble a Parque Nacional y, más ampliamente, en una estrategia territorial para el corredor biológico Nevados de Chillán-Laguna del Laja.
El llamado del experto Povilitis a aprovechar terrenos de alto valor para la conservación que actualmente están disponibles para ser adquiridos merece ser considerado con seriedad. Si existen oportunidades concretas para ampliar el hábitat del huemul, las autoridades, el sector privado y las organizaciones conservacionistas deberían evaluar mecanismos para no perderlas. La conservación también requiere decisiones oportunas y capacidad de anticipación.
Ñuble tiene aquí una responsabilidad que excede sus fronteras. El huemul es un símbolo nacional y su población más septentrional constituye además un patrimonio natural irremplazable de nuestra región. Permitir que desaparezca de la zona central sería perder una parte de nuestra identidad y de la biodiversidad que todavía tenemos la posibilidad de proteger.


