Señor Director:
Hay palabras que tranquilizan. “Compensación” es una de ellas. Suena a equilibrio, a justicia, a alguien que llegará justo a tiempo para cubrir lo que falta. Pero la política ha demostrado demasiadas veces que entre la promesa y el depósito bancario suele existir una distancia que pagan los municipios y, al final, los vecinos.
El Gobierno asegura que ninguna comuna perderá recursos por la exención de contribuciones a los adultos mayores. La fórmula promete devolver “hasta el último peso”, mediante transferencias fiscales y refuerzos al Fondo Común Municipal. Sobre el papel, Ñuble no debería perder dinero. Esa es la tesis oficial y, por ahora, el compromiso político.
Sin embargo, la verdadera discusión no está en cuánto recauda directamente una comuna como Quirihue, Coelemu o El Carmen por contribuciones. Está en su dependencia del Fondo Común Municipal. Allí se financian consultorios, seguridad, luminarias y servicios que no admiten retrasos. Cuando una región depende más de la solidaridad fiscal que de su propia recaudación, cualquier modificación al sistema exige garantías verificables, no solo buenas intenciones.
También es cierto que la mayoría de las viviendas de Ñuble ya posee avalúos que las mantienen exentas, por lo que el impacto directo sería menor que en comunas de altos ingresos. Pero menor no significa irrelevante. La confianza institucional no se construye con discursos; se sostiene con reglas claras, recursos oportunos y transparencia en su cumplimiento.
Porque al final, el debate no es sobre contribuciones. Es sobre la relación entre el Estado y los territorios que históricamente han esperado demasiado. Ñuble no necesita ser protagonista de una disputa ideológica. Necesita algo mucho más sencillo y mucho más difícil: que cada peso prometido llegue a tiempo y que las certezas no dependan del color político de quien gobierna.
Ricardo Rodríguez Rivas
Magister en Gobierno y Gestión Pública




