Señor Director:
La Semana Mundial de la Lactancia Materna no debiera ser solo una fecha conmemorativa. Es una invitación a preguntarnos cuánto valoramos, como sociedad, el primer acto de cuidado que recibe una persona al llegar al mundo.
La lactancia materna es mucho más que nutrición. Protege la salud del niño y de la madre, fortalece el vínculo afectivo y representa una de las intervenciones de salud pública más efectivas y equitativas que existen. Su impacto alcanza incluso a las determinantes sociales, porque ofrece un mejor comienzo de vida, especialmente para quienes nacen en contextos más vulnerables.
Pero promover la lactancia exige algo más que discursos. Requiere políticas que permitan a las mujeres ejercer este derecho sin que ello signifique poner en riesgo su estabilidad laboral. Proteger la maternidad, fortalecer los derechos laborales, ampliar las redes de apoyo y avanzar hacia una verdadera corresponsabilidad no son beneficios exclusivos para las madres; son decisiones que hablan del país que queremos construir.
En un Chile que observa con preocupación la caída sostenida de la natalidad, resulta contradictorio pedir más nacimientos mientras persisten barreras para criar y cuidar. Tal vez la pregunta no sea por qué nacen menos niños, sino cuánto estamos haciendo para que las familias se sientan realmente acompañadas desde el primer día. Porque una sociedad que protege la lactancia no solo alimenta a sus hijos; también cultiva salud, equidad, confianza y futuro.
Alex Martínez del Campo



