Señor Director:
Recientemente, el país se ha remecido con las graves declaraciones de Ítalo Omegna, asesor legislativo del Partido Nacional Libertario, quien validó el abuso y la pedofilia contra infancias autistas justificándolo con que “son los que no hablan”.
Para comprender la gravedad de esto, debemos educarnos: el autismo no es sinónimo de indefensión ni silencio por incapacidad de sentir, sino una condición del neurodesarrollo que merece comprensión y respeto. Cuando una figura pública se mofa de niños neurodivergentes, no solo incurre en una crueldad inaceptable, sino que alimenta el mito de que esta población es un blanco fácil.
La evidencia muestra que las personas con discapacidad son hasta tres veces más propensas a sufrir agresiones. La infantilización y los discursos de odio no son opiniones; son formas de violencia sistémica que ponen en riesgo inminente vidas inocentes. Con la dignidad de la infancia no se juega.
Exijo responsabilidades políticas y acciones legales. Exigimos respeto, seguridad y educación social urgente.
Karen Navarrete Aburto
Psicóloga y activista neurodivergente




