La historia del Teatro Municipal de Chillán está vinculada a una larga deuda saldada con la ciudad. Su construcción comenzó en la década de 1940, luego de que el terremoto de 1939 destruyera el antiguo recinto. Sin embargo, otra emergencia ocurrida en el norte del país provocó que los recursos fueran redestinados y la obra permaneciera inconclusa durante décadas.
Tuvieron que transcurrir cerca de 70 años para que el edificio pudiera ser finalmente terminado y entregado a la comunidad. Esta semana, el principal escenario cultural de Chillán celebra diez años desde aquella esperada apertura. A diez años de la culminación del Teatro Municipal de Chillán, la directora ejecutiva de la Corporación Cultural Municipal, Virna Veas, repasa la transformación experimentada por el espacio, los avances alcanzados y los desafíos que marcarán su segunda década.
-Si tuviera que resumir esta década en una idea, ¿qué cree que cambió en la vida cultural de Chillán gracias a la recuperación del teatro?
-La mayor transformación fue que la cultura dejó de ser un complemento para convertirse en parte de la vida cotidiana de Chillán. Cuando asumí la Dirección Ejecutiva, hace casi cinco años, recibí del alcalde y presidente de nuestra Corporación, Camilo Benavente, un desafío muy claro: que el Teatro Municipal se transformara en un espacio vivo, abierto y cercano a la comunidad. Hoy ese objetivo es una realidad. El teatro es un lugar donde conviven las artes, la educación, el patrimonio y el encuentro ciudadano. Miles de personas lo sienten como propio, y eso demuestra que invertir en cultura no solo fortalece la identidad de una ciudad, sino que también genera desarrollo, dinamiza la economía local y mejora la calidad de vida de las personas.
-¿Cuál considera que ha sido el principal acierto de la gestión y qué aún siente que está pendiente?
-El mayor acierto ha sido entender que un teatro público no existe únicamente para presentar espectáculos, sino para generar oportunidades y construir comunidad. Y así, a través de un Plan de Gestión Estratégico 2023-2027, comenzamos a trabajar y logramos combinar una programación artística de alto nivel con espacios reales —en 2022 se sumó el Centro Cultural— para los creadores y artistas, al mismo tiempo que impulsamos iniciativas donde la cultura dialoga con la salud, la inclusión y el bienestar, como la Receta Cultural junto al COSAM o el trabajo con la Casa de la Neurodiversidad y el Servicio de Mejor Niñez. También dialoga con la educación a través de los programas Experimenta y Visitas Guiadas. Los desafíos nunca terminan. Ahora debemos consolidar este crecimiento y asegurar su sostenibilidad. Solo durante 2025 realizamos más de 1.800 actividades, recibimos cerca de 170 mil asistentes, llegamos a las 21 comunas de Ñuble y beneficiamos a 1.262 artistas mediante más de 260 contrataciones. Esos resultados nos demuestran que vamos por el camino correcto, pero también nos comprometen a seguir creciendo.
-¿Cuál ha sido el mayor desafío?
El mayor desafío ha sido consolidar una gestión cultural moderna, profesional y transparente. Durante los últimos años, todas las corporaciones culturales del país debimos adaptarnos a nuevos estándares de probidad y administración. Fue un proceso exigente, pero también una oportunidad para fortalecer nuestra institución. Implementamos procesos competitivos y trazables, fortalecimos la planificación, el control interno y el trabajo estratégico. Ese esfuerzo generó nuestro principal activo: la confianza. Hoy esa confianza permite que instituciones públicas, empresas privadas y organizaciones desarrollen proyectos junto a nosotros mediante convenios, coproducciones, auspicios y donaciones.
-¿Cómo puede el Teatro ser un verdadero polo cultural de Ñuble durante los próximos años?
-Nuestro desafío es que el Teatro Municipal trascienda su condición de escenario artístico y se consolide como una institución que impulse el desarrollo cultural de toda la Región de Ñuble. Queremos proyectar el talento regional, atraer nuevas audiencias, fortalecer la economía creativa y posicionar a Chillán como una ciudad reconocida por su vida cultural. Esa ha sido la visión impulsada por el alcalde Camilo Benavente y el Directorio de la Corporación, y seguiremos trabajando para que la cultura sea un motor de desarrollo, identidad y bienestar para toda la región.
-Si pudiera imaginar cómo será el Teatro Municipal cuando cumpla veinte años desde su recuperación, ¿qué le gustaría que existiera entonces y que hoy todavía es un sueño?
-Nosotros queremos que, cuando el Teatro Municipal cumpla veinte años, el principal legado sean las personas. Sueño con una generación de niños que haya descubierto aquí su primera experiencia artística; con jóvenes que encuentren oportunidades para crear; con familias que incorporen el teatro como parte natural de su vida, y con artistas que puedan desarrollar su carrera desde Ñuble. Si la primera década fue la de la recuperación y consolidación institucional, la segunda debe ser la consolidación de las audiencias y del impacto cultural y social. Ese será el verdadero éxito: que la cultura haya contribuido a construir una comunidad más creativa, más participativa y con un fuerte sentido de pertenencia.
-¿Hay algún espectáculo o momento vivido en estos diez años que la haya emocionado y que represente el espíritu del Teatro Municipal?
-Han sido muchos momentos, pero en este momento hay dos que representan muy bien el espíritu del Teatro Municipal. El primero ocurrió durante el concierto de José Luis Rodríguez. Ver a abuelos compartiendo con sus nietos, cantando juntos, y leer un cartel que decía “Te esperé 50 años; este es mi sueño hecho realidad” fue una imagen profundamente emocionante. Entendemos que un teatro también puede cumplir sueños y unir generaciones.
El segundo fue durante una visita guiada de un colegio. Un niño con movilidad reducida pudo subir por primera vez al escenario gracias al salvaescaleras que instalamos para garantizar el acceso universal. Mientras todos sus compañeros esperaban para tomarse una fotografía junto a él, comprendimos que la inclusión deja de ser un discurso cuando se transforma en una experiencia significativa real.
Esos momentos nos recuerdan que un teatro público no solo presenta espectáculos; abre puertas, elimina barreras y crea recuerdos que acompañan a las personas durante toda la vida.



