Dentro de los balances realizados tanto por la Delegación Presidencial como por la Municipalidad de Chillán, respecto a los efectos del sistema frontal en la infraestructura pública y privada, no se declaran casas inundadas ni con afectaciones menores.
Pero, en estricto rigor, sí hubo vecinos que debieron echar mano a escobas, aserrín y palas para crear zanjas en sus patios, para poder sacar el agua que escurrió por sus baños, cocinas, living y hasta dormitorios durante el máximo de las lluvias de la semana pasada.
“Y como ahora se viene otro frente, lo más seguro es que nos vuelva a pasar lo mismo”, comenta Yoselin San Martín, funcionaria del Cesfam Violeta Parra, respecto a la vivienda que arrienda desde agosto de 2025, en el kilómetro 9 del camino a Las Mariposas.
No se trata de aguas de un río ni de un canal desbordado. “Son las aguas lluvias que llegaron a mi casa, no sé cómo desde los patios vecinos, llegaron por la parte trasera de la casa”, añade.
Personal municipal le colaboró con sacos de arena para bloquear el acceso por la puerta de la cocina, y “me vinieron a hacer esa zanja, como un canal para desviar el agua porque este patio estaba totalmente inundado”, describe.
Una situación idéntica es la que denunciaron también cerca de 15 vecinos del sector Central Panificadores, cuyas casas colindan con el sitio baldío de Santa Rufina, en la que se proyecta un complejo de 14 edificios de departamentos, en calle Cataluña (sector suroriente).
“Ese sector se llena de agua y el agua corre a nuestros patios. Se les ha pedido a la municipalidad que pongan las defensas necesarias, pero no lo han hecho”, comenta Rumildo Ruiz, presidente de la junta de vecinos.
A diferencia de lo que pasa en Las Mariposas, “acá el agua hizo que los baños colapsaran, el agua se subió e inundó las casas. Eso ya es un problema de salubridad muy grave, que se suma al hecho que hay un predio de grandes dimensiones, por el lado de atrás en donde el dueño cobra por que le vayan a dejar basura y escombros. Los ratones que se pasan a las casas arrancando del agua son enormes”, describe.
Uno de los casos más dramáticos, es de la vecina Emelinda Guajardo, quien vive con un niño con independencia limitada. Justo por el patio de su casa cruza parte del canal que llega al río Chillán. “Y todos los inviernos se sube y se inunda todo, hasta dentro de la casa”, describe.
Uno de esos inviernos, el temporal le rompió una pasarela de madera con la que ella podía cruzar al otro lado de su patio, el que ahora está aislado. Los caballos que se encuentran en el predio usado como microbasural le rompieron parte de la pandereta que le servía de defensa para las aguas que caen por ese flanco.
“Llevamos años pidiendo ayuda. En la Municipalidad, en el Serviu, en Essbio. Siempre vienen, miran y nos dicen que van a volver y cosas así, pero nunca han hecho algo concreto, solo ayudas de emergencia, entonces cada invierno seguiremos pasando lo mismo”, se lamentó el dirigente vecinal.
Un tubo de más de 30 años
La tesis vecinal, respecto a sus problemas en los baños es que, cuando se hizo esa villa, “el tubo colector de aguas era pequeño, de no más de 30 centímetros de ancho. Eso era apto para la cantidad de casas que había, pero no para las cientos que se hicieron después”, comentaron.
Consultados en el municipio al respecto, explicaron que “la problemática del lugar es estructural y corresponde al lugar de construcción, correspondiente a Serviu, ya que por problemas en la red de alcantarillado, se les devuelven las aguas servidas”.
Consultados en el Serviu, explicaron que los colectores de aguas servidas no corresponden a esa repartición, y que la mantención corresponde a Essbio.



