La anticipación es una de las herramientas más eficaces para enfrentar las emergencias. No evita que llueva, que sople el viento o que aumenten los caudales de los ríos, pero sí puede reducir sus consecuencias y, sobre todo, proteger vidas y bienes. El sistema frontal que afecta a Ñuble vuelve a poner en evidencia la importancia de contar con información oportuna, coordinación institucional y una infraestructura capaz de responder a eventos meteorológicos cada vez más intensos.
La declaración de Alerta Amarilla para toda la región, debido a la previsión de un aumento en la severidad y extensión del sistema frontal, es precisamente una expresión de esa lógica preventiva. El monitoreo de ríos, esteros, quebradas y sectores de riesgo, junto con el despliegue anticipado de recursos y la coordinación entre Senapred, municipios, servicios públicos y empresas de servicios básicos, permite actuar antes de que una emergencia alcance su máxima dimensión.
La experiencia de estos días confirma que esa anticipación no es una abstracción. Ya se contabilizan cientos de personas afectadas, viviendas con daños y en evaluación, interrupciones del suministro eléctrico y problemas de conectividad. También se han registrado anegamientos, colapso de fosas sépticas, afectaciones a sistemas de agua potable rural y colectores de aguas servidas. En San Carlos, Coelemu y Chillán se concentran parte importante de los impactos, mientras más de 38 mil clientes permanecen sin suministro eléctrico.
Frente a esta realidad, la respuesta de emergencia es indispensable, pero no suficiente. La verdadera prevención se construye mucho antes de que llegue la lluvia, mediante planificación, inversión y obras que permitan que las ciudades y comunidades enfrenten mejor los fenómenos naturales.
El Plan Maestro de Aguas Lluvias de la intercomuna Chillán-Chillán Viejo constituye un ejemplo que debe ser valorado y, al mismo tiempo, concluido con la mayor celeridad posible. Con cerca de un 70% de avance, las etapas ejecutadas ya han permitido resolver o disminuir problemas históricos en puntos críticos, como la población Luis Cruz Martínez y avenida Brasil. Durante el segundo semestre se espera licitar la quinta etapa, que contempla el colector Ecuador y el mejoramiento de los canales Defensa Norte y Defensa Sur, con una inversión cercana a los 18 mil millones de pesos.
Se trata de obras que muchas veces no tienen la visibilidad de una avenida renovada, un edificio público o un parque, pero que adquieren un valor extraordinario cuando las precipitaciones se intensifican. Un colector que funciona, un canal con capacidad suficiente o un sistema de evacuación correctamente diseñado pueden marcar la diferencia entre una lluvia intensa y una emergencia mayor.
La lección es válida para toda la región. Ñuble tiene una extensa población rural, numerosos cauces, sectores cordilleranos y precordilleranos, comunidades expuestas a cortes de caminos y zonas urbanas que han crecido más rápido que sus redes de drenaje. La inversión preventiva debe considerar esa diversidad territorial y no limitarse a reaccionar cuando los daños ya están producidos



