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159 años de historia: Colegio de la Purísima Concepción apuesta por la modernización educativa sin perder su identidad

Mauricio Ulloa

El Colegio de la Purísima Concepción de Chillán es la segunda institución educativa más antigua de la ciudad, con 159 años consolidándose como un referente en la formación de mujeres, con una profunda identidad basada en los valores mariano-franciscanos.

La historia del establecimiento se remonta a 1836, cuando María Juana Gregoria Irizar Arrau y otras damas de la ciudad, junto a sacerdotes franciscanos, impulsaron la creación de una obra educativa y religiosa. Posteriormente, en 1867 nació la Escuela de la Purísima Concepción, destinada a educar gratuitamente a niñas de escasos recursos, y en 1875 se creó el Colegio Particular de la Purísima Concepción para dar continuidad a sus estudios.

En 1980, la Escuela y el Colegio se fusionaron, dando origen al actual Colegio de la Purísima Concepción. Desde entonces, la institución ha continuado desarrollando una educación integral inspirada en los valores cristianos, formando generaciones de estudiantes comprometidos con la fe, la fraternidad, el servicio y la excelencia.

La directora del Colegio de la Purísima Concepción, Maricel Gutiérrez, destacó que “desde sus inicios, el establecimiento contribuyó al acceso a la educación de niñas y jóvenes, especialmente de aquellas que contaban con menos oportunidades, promoviendo la formación académica, valórica y espiritual de generaciones de estudiantes”.

“A lo largo de más de un siglo y medio de trayectoria, el colegio ha mantenido una estrecha relación con la comunidad chillaneja, participando activamente en actividades religiosas, culturales, solidarias y educativas. Su presencia permanente en el centro histórico de la ciudad y su compromiso con la formación integral han permitido que numerosas familias depositen su confianza en el proyecto educativo Mariano-Franciscano”, agregó.

Durante su evolución, el colegio ha enfrentado distintos procesos de transformación, incluyendo el acompañamiento de una Comisaría Pontificia entre 2019 y 2025, y recientemente su incorporación a la Congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón, comunidad presente en diversos países de Latinoamérica y el mundo.

Según explicó Gutiérrez, la permanencia de la institución en el tiempo se debe a la solidez de su proyecto educativo, la confianza de las familias, el compromiso de sus docentes y asistentes de la educación, y el permanente vínculo con la comunidad de Chillán han contribuido también a consolidar su prestigio y reconocimiento. Otro factor clave es la capacidad de adaptación a los cambios sociales y educativos sin perder su identidad fundacional.

“Esta combinación de tradición, vocación de servicio y capacidad de innovación ha permitido que el colegio continúe siendo un referente educativo para la ciudad y la región”, comentó la directora.

En cuanto a su proyección, la institución busca fortalecer una educación integral, incorporando innovación tecnológica, herramientas digitales y estrategias pedagógicas actualizadas.

El Colegio de la Purísima Concepción proyecta su futuro fortaleciendo una educación integral de excelencia, fiel a su identidad Mariano-Franciscana y comprometida con los desafíos del siglo XXI, incorporando materiales tecnológicos como pantallas interactivas, software de monitoreo, material pedagógico actualizados etc. Su propósito es continuar formando estudiantes con sólidos valores humanos y cristianos, capaces de desenvolverse en una sociedad cambiante, aportando positivamente a sus comunidades y al cuidado de la creación”, precisó Gutiérrez.

Entre sus principales desafíos se encuentran el fortalecimiento de la calidad de los aprendizajes, la innovación en las prácticas pedagógicas, el desarrollo de habilidades para el mundo actual, el bienestar socioemocional de los estudiantes y la consolidación de una convivencia escolar basada en el respeto, la inclusión y el buen trato.

Asimismo, el colegio aspira a consolidar su vínculo con las familias y la comunidad, reforzando su rol como referente educativo en Chillán y proyectando su misión hacia las nuevas generaciones bajo el legado mariano-franciscano que lo ha guiado por más de siglo y medio.

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