A lo largo de sus 446 años de existencia, Chillán ha debido reinventarse una y otra vez.
Pocas ciudades chilenas pueden exhibir una historia tan profundamente marcada por las catástrofes naturales, los conflictos fronterizos y los procesos de reconstrucción urbana. Sin embargo, lejos de transformarse en un obstáculo para su desarrollo, esas experiencias terminaron moldeando una identidad colectiva que hoy constituye uno de los principales rasgos distintivos de la capital regional de Ñuble.
La ciudad fue fundada el 26 de junio de 1580 por el mariscal Martín Ruiz de Gamboa bajo la advocación de San Bartolomé, en las cercanías de la ribera sur del río Ñuble. Su ubicación no fue casual. En el contexto de la expansión hispana en Chile, Chillán ocupaba una posición estratégica dentro del sistema de asentamientos que aseguraban la comunicación entre Santiago y la frontera mapuche.
Situada a cuatro jornadas de viaje desde la capital del reino y a una de Concepción, la villa se convirtió rápidamente en un punto de encuentro entre dos mundos. Su cercanía con la frontera permitió el desarrollo de intensos intercambios comerciales entre españoles e indígenas, transformándola en un eje articulador de las relaciones hispano-mapuches durante buena parte del período colonial.
A ello se sumó una importante función evangelizadora. En 1697 se estableció en la ciudad un Colegio de Naturales destinado a la educación de los hijos de los caciques indígenas. Allí recibían instrucción en lengua castellana, religión, filosofía y nociones básicas de derecho, reflejando el papel que la Corona asignaba a Chillán dentro de la política de integración de los pueblos originarios.
Sin embargo, la estabilidad urbana fue esquiva durante los primeros siglos. En 1655 un levantamiento indígena destruyó completamente la ciudad. Casi un siglo después, en 1751, un terremoto seguido por la inundación del río Chillán provocó nuevamente su devastación. El tercer gran golpe llegaría en 1835, cuando otro terremoto obligó a trasladar el asentamiento hacia su actual emplazamiento, dando origen a lo que históricamente se conoce como la cuarta fundación de Chillán.
A partir de entonces comenzó una nueva etapa. Durante la segunda mitad del siglo XIX, el auge cerealero impulsó el crecimiento económico de la provincia y fortaleció el desarrollo urbano. La llegada del ferrocarril en 1876 consolidó a Chillán como un importante centro de intercambio comercial, conectando la producción agrícola local con los mercados nacionales e internacionales a través del puerto de Talcahuano.
Aunque posteriormente perdió protagonismo frente a nuevas zonas agrícolas incorporadas al territorio nacional, la ciudad continuó creciendo. El terremoto de 1939 volvería a poner a prueba su capacidad de recuperación. La destrucción fue prácticamente total, obligando a reconstruir una vez más gran parte de la ciudad. Muchas de las edificaciones modernas que hoy caracterizan el centro urbano surgieron precisamente como resultado de aquel proceso.
Del Cabildo colonial a la capital regional
La historia institucional de Chillán corre en paralelo a la evolución de la ciudad. El origen de la actual municipalidad se remonta al Cabildo instaurado tras la fundación de 1580. Como ocurría en las ciudades coloniales, esta institución concentraba funciones administrativas, judiciales y de organización comunitaria, regulando la vida cotidiana de la villa.
Uno de los hitos más recordados de esa trayectoria corresponde a la participación de Bernardo O’Higgins, quien ejerció como alcalde de Chillán en 1806, desempeñando así su primer cargo público antes de transformarse en una de las principales figuras de la independencia nacional.
La municipalidad moderna comenzó a configurarse con la Ley de Comuna Autónoma y el Decreto de Creación de Municipalidades de 1891, que otorgaron estructura legal y mayores atribuciones a los gobiernos locales. Desde entonces, la institución ha acompañado cada etapa de crecimiento y reconstrucción de la ciudad.
Las sucesivas catástrofes naturales obligaron también a reorganizar sus estructuras administrativas. Finalmente, la creación de la comuna de Chillán Viejo, en 1995, formalizó una división administrativa que reconocía la existencia de dos realidades comunales distintas, aunque profundamente vinculadas por su historia común.
Hoy, desde su edificio consistorial ubicado en calle 18 de Septiembre, la Municipalidad de Chillán lidera la administración de una ciudad que dejó atrás su condición de capital provincial para convertirse en el principal centro político, administrativo y de servicios de la Región de Ñuble.
Una mirada al Chillán de los 450 años
En el marco de un nuevo aniversario de la ciudad, el alcalde de Chillán, Camilo Benavente, reflexiona sobre la identidad chillaneja, la relación con Chillán Viejo, los desafíos del crecimiento urbano y la visión de desarrollo proyectada hacia los 450 años de la comuna.
-Chillán celebra 446 años de historia, pero el actual emplazamiento de la ciudad se remonta a 1835, tras el terremoto que motivó su traslado. ¿Cómo cree que ese proceso de reconstrucción y “cuarta fundación” sigue influyendo en la identidad y el carácter de los chillanejos de hoy?
-El proceso de reconstrucción y las sucesivas fundaciones han forjado el espíritu de Chillán. De hecho, ser hijos de una ‘historia de refundación, marcada por embates de la naturaleza, ha influido sin lugar a dudas en el carácter de los ciudadanos al sembrar la semilla de una urbe moderna y resiliente. Este testimonio de renacimiento permanente dota a la identidad chillaneja de un temple inquebrantable, caracterizado por la capacidad histórica de levantarse de los escombros y reconstruirse cada vez con mayor fuerza. En la actualidad, el carácter de los chillanejos se define por la resistencia, la valentía y un marcado espíritu solidario, elementos que junto a su riqueza agrícola, su acervo cultural y las tradiciones, han servido como cimiento para erigir la actual capital de la Región de Ñuble.
-A casi dos siglos de la separación física entre Chillán y Chillán Viejo, y a 30 años de la separación administrativa, ambas comunas mantienen vínculos históricos, culturales y urbanos muy estrechos. ¿Cómo evalúa hoy esa convivencia y qué desafíos plantea para el desarrollo coordinado de un territorio que, en la práctica, funciona como una sola área urbana?
-La convivencia actual entre Chillán y Chillán Viejo se evalúa bajo el reconocimiento de que ambas comunas forman parte de una misma área metropolitana, por lo que su planificación y crecimiento ya no pueden abordarse de forma aislada. Al funcionar en la práctica como una sola gran área urbana interconectada, esta planificación metropolitana plantea algunos retos importantes como la gestión de infraestructura y servicios, de tal forma que es imperativo articular políticas conjuntas que contemplen no solo nueva infraestructura, sino también la provisión de servicios compartidos y estrategias integrales de seguridad ciudadana. De la misma manera, debemos trabajar junto a autoridades regionales y nacionales para mejorar la integración logística y movilidad a través de proyectos de mejoramiento vial, potenciar un sistema integrado de transporte público que disminuya la dependencia del automóvil, entre otras temáticas.
-Periódicamente reaparece el debate sobre la creación de una nueva comuna en el sector oriente de Chillán. Desde su experiencia como alcalde: ¿considera que esa alternativa es viable y conveniente para la ciudad, o estima que los esfuerzos deben concentrarse en fortalecer la administración comunal existente?
-Nuestra visión no apunta a la división del territorio, sino a fortalecer la comuna existente mediante la integración urbana y social, acercando servicios, ejecutando obras y fortaleciendo la inversión en el sector oriente. No queremos separar, sino integrar, igualando las condiciones de habitabilidad, confort y calidad de vida. Por eso hemos reforzado nuestro trabajo en el sector oriente con diversas estrategias como la creación de la Delegación Oriente, el fortalecimiento del patrullaje preventivo y seguridad, así como también la mejora de diversos espacios públicos, deportivos y recreativos, entre otros. Nuestra perspectiva es seguir robusteciendo este trabajo y planificar una ciudad donde en lugar de fomentar divisiones o continuar con la expansión desmedida de los límites urbanos, se busque aprovechar al máximo la infraestructura instalada -transporte público, iluminación y pavimentación- y se desarrollen estrategias para equiparar las brechas existentes.
-La creación de la Región de Ñuble transformó a Chillán de una capital provincial a una capital regional. A casi ocho años de ese cambio institucional, ¿cuáles diría que han sido los principales avances y cuáles son las oportunidades que aún no se han aprovechado plenamente?
-A casi ocho años de este cambio institucional, la ciudad presenta hitos concretos en su consolidación, así como áreas estratégicas en que el nuevo estatus aún ofrece un amplio margen de mejora. Hemos tenido objetivamente más inversiones. Hay, de manera indesmentible, más oportunidades para desarrollar la ciudad, se han concretado proyectos que llevaban muchos años de rezago y estamos proyectando con entidades nacionales y locales propuestas interesantes y de gran valor social y comunitario. Han llegado inversiones inmobiliarias de gran relevancia, lo que da cuenta que Chillán es una urbe en crecimiento, de oportunidades, donde las personas llegan atraídas por sus condiciones y su estratégico emplazamiento. Entre los avances estamos, por ejemplo, consolidando un Polo de Salud a escala regional, a través del Instituto Teletón y el futuro Centro Oncológico de Ñuble, ambos emplazados en un terreno donado por la municipalidad durante nuestro primer período. Chillán cuenta con un vasto territorio rural que aún no explota todo su potencial. En este sentido, existe el desafío de potenciar asentamientos como Confluencia y Quinchamalí para que funcionen como las verdaderas puertas de entrada a la región y consoliden rutas turísticas precordilleranas, mejorando su conexión con la ciudad sin que pierdan su identidad agrícola y rural. Además, para el desarrollo social y económico es importante concretar proyectos clave como el aeropuerto, piscina temperada, un nuevo Cesfam en el sector oriente y un polideportivo regional.
-A cuatro años que Chillán cumpla 450 años, el municipio ha impulsado una visión estratégica de ciudad para llegar a ese hito. ¿Cuáles son los proyectos y transformaciones que espera ver materializados de aquí a 2030 para que ese aniversario encuentre a la ciudad en una nueva etapa de desarrollo?
-A través de la visión estratégica impulsada por el municipio, articulada principalmente en el Plan Bicentenario Chillán 2035, la ciudad espera llegar a su aniversario 450 en una nueva etapa de desarrollo caracterizada por ser más conectada, verde, inclusiva y moderna. Uno de los temas fundamentales es la salud de nuestra población que necesita más servicios y mayor calidad de las prestaciones, y es por eso que hemos trabajado en consolidar el Polo de Salud. En el plano de la renovación cívica y patrimonial hemos buscado revitalizar el centro histórico para reconectar a la ciudadanía con la ciudad que tiene, sin duda, elementos arquitectónicos de vanguardia y que necesitan ser reconocidos por la comunidad pues son parte de nuestra rica historia. Para devolver la naturaleza a los barrios e incrementar la infraestructura verde, el municipio proyecta la consolidación de espacios como el Parque Schleyer y el Parque Intercomunal Ultraestación. A esto se suma la recuperación y puesta en valor de los cauces fluviales que atraviesan la trama urbana, como el estero Las Toscas y los canales De la Luz. Como municipalidad, contemplamos la materialización de recintos que denoten la jerarquía de una capital regional, tales como un futuro aeropuerto y la construcción de la Gran Piscina en Quilamapu, un Polideportivo Regional, pensado como un recinto de alto rendimiento para potenciar a los jóvenes talentos.
–Hoy existen obras relevantes en ejecución, otras próximas a inaugurarse y varias iniciativas en carpeta. Si tuviera que identificar tres proyectos que marcarán el futuro de Chillán durante las próximas décadas, ¿cuáles serían y por qué considera que pueden cambiar la calidad de vida y la proyección de la capital regional?
-En primera instancia, tenemos un bello proyecto de consolidación del Polo de Salud a escala regional que hasta hace un tiempo era un sueño, pero que hemos podido hacerlo realidad a través de la gestión con diversas instituciones regionales y estatales. Este gran proyecto está liderado por la instalación del nuevo Hospital Regional de Ñuble, el Conjunto Teletón y el futuro Centro Oncológico. Tenemos, además, la recuperación del Mercado de Chillán que tenemos en desarrollo y que esperamos inaugurar prontamente y que es una de las grandes obras de la ciudad por su inversión y porque beneficiará a miles de personas que concurren a ese importante sector de la ciudad diariamente. Proponemos, además, una nueva Red de Parques y Recuperación de cauces fluviales. Esta iniciativa contempla la creación del Parque Schleyer, que ha ido avanzando y del que tenemos avances concretos y que permitirá honrar al benefactor Juan Schleyer que cedió terrenos a Chillán para ese fin. Sumaremos el Parque Intercomunal Ultraestación y grandes proyectos de recuperación y puesta en valor de los cauces de agua que atraviesan la trama urbana, como la modernización del estero Las Toscas. Esto impactará directamente en la calidad de vida al incrementar la infraestructura verde y crear áreas de esparcimiento en sectores periféricos o vulnerables que históricamente han carecido de estos espacios.




