Fue en mayo de este año, que el General Director de Carabineros, Marcelo Araya, recorrió junto a autoridades regionales y del alto mando, las dependencias del internado Casiano Andrade, en Quirihue, lugar facilitado por el municipio local, para adelantar el proceso de formación de nuevos carabineros, mientras avanza el proyecto de la Escuela de Formación, en Cato.
A paso lento, manos en la espalda y con una semisonrisa miraba cada detalle junto a la general María Teresa Araya, exjefe de la Zona Ñuble y actual directora nacional de apoyo a las operaciones, para finalizar el recorrido elogiando el proyecto.
Sin embargo, lo que vio como una solución transitoria para adelantar la formación de nuevos carabineros en Ñuble, seguidamente se transformó en una respuesta a algo mayor.
La idea podría pasar a ser una estrategia de alcance nacional para enfrentar el déficit de personal que afecta a la institución, aspecto completamente coherente con el anunciado Plan Estratégico de Desarrollo Policial 2021-2028 y al Plan Maestro de Infraestructura Policial que impulsa el Gobierno.
Y así se lo anticipó al gobernador de Ñuble, Óscar Crisóstomo, cuando la semana antepasada la autoridad regional lo visitó en Santiago para tratar diversos temas de seguridad.
La iniciativa “made in Ñuble” surgió como una fórmula para no esperar los plazos asociados al diseño, licitación y construcción del establecimiento permanente, permitiendo comenzar anticipadamente la preparación de nuevos efectivos mediante la utilización de infraestructura ya existente.
“Nosotros tenemos una necesidad urgente de seguir formando carabineros. Lo que hemos visto acá es una experiencia que puede replicarse en otras regiones mientras avanzan las obras definitivas”, sostuvo la máxima autoridad institucional.
Diversos informes han advertido que la institución ha enfrentado una reducción de personal asociada a retiros, jubilaciones y menores niveles de postulación, fenómeno que ha obligado a implementar estrategias destinadas a recuperar dotación y fortalecer la presencia policial en las distintas regiones del país.
En ese contexto, la construcción de nuevas escuelas de formación aparece como una de las principales apuestas institucionales. Sin embargo, se trata de proyectos de alto costo y largo plazo, cuyos procesos pueden extenderse por varios años antes de entrar en funcionamiento.
Precisamente por ello, la experiencia desarrollada en Quirihue despertó el interés del alto mando, al permitir adelantar el ingreso de nuevos alumnos mientras se ejecutan las obras permanentes.
La escuela de proyección comenzará a operar durante agosto con una matrícula inicial cercana a los 90 alumnos, quienes desarrollarán su proceso formativo en dependencias facilitadas por el municipio de Quirihue.
El gobernador Crisóstomo, destacó que la iniciativa fue posible gracias “al trabajo conjunto entre el Gobierno Regional, Carabineros y el municipio local, agregando que el proyecto definitivo de Capilla Cox permitirá consolidar a la región como un polo de formación institucional”.
De Quirihue para Chile
Eduardo Redlich, alcalde de Quirihue, no oculta su satisfacción por la proyección que podría alcanzar la iniciativa impulsada por el municipio.
“Pero al principio costó. De hecho, la primera vez que se le propuso al concejo esta idea, con la general María Teresa Araya presente, el concejo rechazó la iniciativa”, recuerda.
La idea de destinar el internado Casiano Andrade como espacio transitorio surgió cuando aún era consejero regional. “En esos años el gobernador nos planteaba la necesidad de encontrar un lugar para una escuela de transición”, señala.
Con el paso del tiempo, el uso del internado fue perdiendo sentido para su función original. El aumento en la oferta de transporte escolar para estudiantes de zonas rurales redujo la necesidad de alojamiento, y con ello también el número de familias que optaban por el recinto.
“Entonces fui a hablar con el gobernador y le ofrecimos el internado. En menos de dos meses ya estaba incluido en su cuenta pública. Carabineros dio el visto bueno y luego se aseguraron los recursos”, explica.
Sin embargo, el respaldo político inicial no fue suficiente para destrabar la iniciativa en el concejo municipal. El punto de inflexión llegó desde otro lado: la comunidad.
“Cuando la gente de Quirihue se enteró de esta posibilidad se entusiasmó mucho. Una de sus principales demandas es contar con mayor dotación policial, y eso lo hicieron sentir en el concejo”, añade Redlich.
La segunda votación fue distinta. Esta vez, la aprobación fue unánime.
La implementación del proyecto incluyó reparaciones, equipamiento, remodelación de espacios y habilitación digital, con una inversión cercana a los 600 millones de pesos, gestionados a través del Gobierno Regional.
Una cifra menor si se compara con los costos asociados a la futura Escuela de Formación de Carabineros de Ñuble, que supera los 14 mil millones de pesos, y con proyectos similares en otras regiones, que pueden exceder los 30 mil millones.
Faltan carabineros en Chile
Para muchos actores relacionados al mundo de la educación o a esferas policiales, no es extraño que esta iniciativa haya surgido en Ñuble, una región históricamente identificada como semillero de policías, marineros y militares.
Tal comportamiento hoy contrasta con la caída nacional de postulaciones a las escuelas matrices de Carabineros.
Esta particularidad regional responde a una combinación de elementos sociales, educativos y territoriales que han sostenido el interés por las carreras vinculadas a la seguridad pública. En distintos períodos, la región ha registrado niveles de postulación que se mantienen estables o incluso por sobre la media nacional, fenómeno que ha sido observado por la propia institución.
En ese contexto, el caso del Liceo Bicentenario de Excelencia de San Nicolás aparece como uno de los ejemplos más visibles de esta tendencia. Desde el establecimiento, su mismo director, Víctor Toro, ha explicado a La Discusión, que parte de su orientación formativa ha influido en las decisiones vocacionales de sus estudiantes.
“El trabajo de formación temprana y la cultura escolar han permitido que muchos jóvenes vean como opción las carreras uniformadas”, dice, destacando el vínculo sostenido con instituciones de orden y seguridad.
Este caso también ha sido citado como una muestra de cómo ciertos proyectos educativos pueden incidir en la proyección vocacional de los estudiantes, especialmente en contextos donde existe acompañamiento y orientación sistemática hacia este tipo de trayectorias.
La tarea de Carabineros hoy es muy compleja, porque debe seducir a estudiantes que cuentan cada día con más opciones laborales gracias a la ampliación de alternativas de educación superior y una percepción social más exigente respecto de las carreras ligadas a las fuerzas de orden.
Medios nacionales han consignado que en los últimos años, Carabineros ha perdido más de tres mil funcionarios y mantiene más de 12 mil vacantes sin cubrir, en un escenario marcado además por una caída superior al 50% en las postulaciones a sus escuelas de formación.
Las razones son múltiples: mayor oferta educativa para los jóvenes, el impacto de las manifestaciones y enfrentamientos del llamado “18-O”; en la percepción de la institución por las condiciones laborales poco competitivas y una creciente complejidad del delito.
A ello se suma un problema estructural en la formación, luego de que se extendiera su duración sin aumentar la capacidad de las escuelas, reduciendo a la mitad el número de egresados.
Frente a este escenario, el Gobierno ha reconocido la situación como una alerta, proyectando incluso una disminución cercana a mil funcionarios por año, y ha comenzado a evaluar medidas como mejoras salariales, incentivos al ingreso y ajustes en los procesos formativos.
La infraestructura no basta
Dentro del contexto nacional, sin embargo, el escenario es distinto. La tarea de Carabineros se ha vuelto más compleja, en un contexto en que los jóvenes cuentan con una mayor oferta de educación superior y en que la percepción social sobre las carreras ligadas a las fuerzas de orden se ha vuelto más exigente.
En ese marco, la idea de acelerar o expandir mecanismos de formación comienza a instalarse como una alternativa, pero no sin reparos.
El exprefecto de Carabineros de Ñuble, coronel (r) Ricardo Asfura, pone una nota de cautela sobre ese tipo de soluciones.
“Los problemas de formación hoy no son solamente un tema de infraestructura. La institución no se puede apresurar ni dejar presionar para acelerar los procesos necesarios para formar a los jóvenes; debe cuidar más que nunca su capacidad de entregar personas con valores, vocación y un profesionalismo que yo veo con muchas flaquezas”, sostiene.
Su visión apunta a que el desafío no está solo en aumentar la capacidad de ingreso, sino en resguardar la calidad del proceso formativo.
En esa línea, advierte sobre experiencias comparadas: “Ya hay casos claros en otros países en los que, por apurarse en sacar más policías en menor tiempo para satisfacer necesidades políticas, se terminó incorporando personal débil, vulnerable ante la corrupción e incapaz de enfrentarse a situaciones realmente complejas”.
Y agrega un matiz que conecta directamente con la discusión sobre las escuelas de transición.
“La infraestructura pasa a un segundo plano cuando hay buenos instructores. Si en estas escuelas vamos a ver alumnos con vocación real e instructores realmente especializados, entonces podremos afirmar que estamos ante una buena idea”.
Finalmente, Asfura confirma que esa noción que apunta a Ñuble como un semillero de carabineros, “no es un mero cliché, es cierto. En el norte, en el sur, en Santiago, donde fuera que haya ido, siempre me encontré con carabineros que eran de Bulnes, de Coihueco, de San Carlos y de muchas otras comunas de esta región”.
Es por esto que aconseja que “a estos jóvenes que se formen en Quirihue o después en Cato hay que explicarles que van a ser mandados a regiones complejas como la Metropolitana, Valparaíso, o pueden ser enviados a Calama o a Punta Arenas. Y es ahí donde muchos se empiezan a arrepentir”.
7 mil carabineros al año
La experiencia de Quirihue y el interés por replicar modelos de formación transitoria se enmarcan en un proceso mayor de reforma al sistema educativo de Carabineros, definido en el Plan Estratégico de Desarrollo Policial 2021–2028, conocido como “Carabinero del Centenario”.
El diagnóstico institucional identifica problemas estructurales en la formación inicial, entre ellos una débil articulación entre reclutamiento y enseñanza, contenidos desbalanceados en las mallas curriculares y limitaciones en infraestructura y equipamiento educativo. A ello se suma una brecha en la formación práctica presencial, especialmente en áreas operativas como control de identidad, detención y uso de armamento.
Para enfrentar ese escenario, el plan contempla una reestructuración profunda del modelo formativo, con una extensión de la formación a dos años bajo un esquema dual que combine teoría y práctica, y con un mayor énfasis en materias operativas, prevención del delito y control del orden público.
La reforma también considera la creación de un sistema docente basado en concursos públicos y competencias, junto con un aumento progresivo de la carga lectiva y una actualización de las mallas curriculares. Paralelamente, se proyectan inversiones en infraestructura educativa, incluyendo salas de estudio, laboratorios, bibliotecas y espacios de simulación.
En el ámbito del reclutamiento, el plan apunta a optimizar los procesos de selección, modernizar las pruebas de ingreso y reforzar los filtros de admisión, con el objetivo de incorporar postulantes mejor preparados para enfrentar la formación en doctrina institucional, ética y derechos humanos.
Este último eje aparece como transversal en toda la reforma, con el propósito de instalar una cultura ética reforzada y un enfoque de respeto irrestricto a los derechos humanos desde el inicio del proceso formativo.
En conjunto, se trata de un rediseño integral del sistema de formación policial que busca responder tanto a las exigencias operativas actuales como a los desafíos de reclutamiento que enfrenta la institución a nivel nacional.
“En Quirihue se inicia con un total de 90 estudiantes, pero tal como lo hemos conversado con el General Director, esto va a permitir que dentro de los próximos tres años o tres años y medio podamos dotar a Chile de más de tres mil carabineros”, apuntó.
La autoridad regional, quien ha participado recientemente en reuniones con sus pares de otras regiones, agregó que “se acordó trabajar para contar con escuelas de formación en cada región del país, adelantando los procesos a través de escuelas transitorias y avanzando hacia una descentralización efectiva, para terminar formando cerca de siete mil carabineros al año dentro de los próximos ocho años”.




