Un nuevo estudio reveló que la producción vitivinícola, uno de los motores agropecuarios más importantes del país, de las regiones del Biobío y Ñuble resistirá de mejor forma los impactos del cambio climático y la escasez hídrica en 20 años más, a comparación de los productores de uvas entre Atacama y Maule, alertando sobre la necesidad de implementar políticas de adaptación regional ante esta problemática.
La investigación fue liderada por la ingeniera agrónoma y magíster en Gestión Territorial de Recursos Naturales de la U. de Chile e investigadora de Bionostra, Katherine Cuevas Zárate, junto al académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Casa de Bello, Manuel Paneque Corrales.
La investigación presentó un Índice de Riesgo Climático Local (LCRI) que evaluó la vulnerabilidad de la viticultura chilena frente al cambio climático en dos periodos: entre 2017-2025, en el presente, y 2046-2065, en el futuro. En estos periodos analizó componentes críticos como la exposición, la sensibilidad, la capacidad de adaptación y la capacidad de respuesta en municipios vitícolas que abarcan desde Atacama hasta Biobío.
El profesor Paneque explicó que el principal factor a favor del Biobío y Ñuble son sus componentes climáticos “mediterráneos y templados, que proyectan una mayor resiliencia frente al cambio climático debido a una combinación de factores climáticos favorables y capacidades territoriales”.
“La resiliencia a largo plazo de las regiones de Ñuble y Biobío se explica porque el cambio climático reconfigurará el mapa de aptitud territorial, convirtiendo al sur en el nuevo refugio para la industria vitivinícola chilena, siempre que estas ventajas naturales se acompañen del fortalecimiento de la infraestructura de riego y políticas tecnológicas de adaptación”, agrega Paneque.
El estudio además reveló que “las regiones de Ñuble y Biobío presentan los promedios más bajos de ‘capacidad de adaptación’ en toda el área analizada (con índices de 0.28 y 0.24, respectivamente). Por el contrario, las zonas ubicadas entre Atacama y el Maule exhiben niveles de adaptación superiores, que varían entre 0.30 y 0.43”. Esto significa, detalla Paneque, que “la resiliencia a largo plazo proyectada para Ñuble y Biobío no proviene de una capacidad de adaptación humana o tecnológica que pueda ser ‘replicada en el norte, sino de una ventaja natural irremplazable, su baja sensibilidad climática futura. El aumento de las temperaturas desplazará las condiciones óptimas para la vid hacia el sur, beneficiando de manera inherente a estas regiones”.
Impactos del cambio climático
El profesor Manuel Paneque es tajante en explicar que el favorable futuro de la viticultura en Biobío y Ñuble no se debe, en ningún caso, al aporte humano en la materia o a los avances tecnológicos, sino que explícitamente a condiciones climáticas que van de la mano con el cambio climático. “Las proyecciones favorables para Ñuble y Biobío no provienen de soluciones humanas, como infraestructura o adaptación, sino de una enorme ventaja natural futura que reduce su componente de sensibilidad”.
“El aumento de las temperaturas proyectado por el cambio climático provocará que la aptitud climática óptima para la vid se desplace hacia el sur, beneficiando directamente a los climas mediterráneos y templados de estas regiones”, precisó.



