Señor Director:
En Chile todavía existen niños, niñas y adolescentes cuya vida cotidiana depende jurídicamente de progenitores que desaparecieron hace años.
El proyecto de ley sobre abandono parental busca enfrentar precisamente esa contradicción. Hoy, incluso cuando no existe relación directa y regular ni posibilidad real de ubicar al padre o madre ausente, los tribunales continúan exigiendo autorizaciones para salir del país o realizar trámites relevantes.
La situación resulta especialmente grave cuando el progenitor abandonó completamente el vínculo y ni siquiera comparece judicialmente. El sistema termina imponiendo cargas administrativas y emocionales a quien sí ejerce el cuidado efectivo del niño.
La parentalidad implica derechos, pero también deberes mínimos de presencia y responsabilidad. Mantener intactas determinadas facultades legales respecto de quien abandonó totalmente a su hijo no protege la familia ni fortalece la coparentalidad. Solo prolonga la incertidumbre de niños y cuidadores.
La discusión sobre esta ley debería alejarse de simplificaciones ideológicas y concentrarse en una pregunta concreta: cómo protege hoy el sistema a los niños cuando uno de sus progenitores simplemente desaparece.
Natalia Reyes Inostroza




