Señor Director:
Vivimos en tiempos donde la tecnología nos promete conexión permanente, pero paradójicamente cada día nos sentimos más distantes. Hemos olvidado el sonido de las voces. Ya casi nadie llama, nadie se detiene a conversar de verdad.
Hoy todo parece reducirse a un mensaje rápido en WhatsApp: un “ok”, un emoji, una respuesta automática que aparenta cercanía, pero que muchas veces carece de emoción y humanidad. Hemos cambiado la calidez de una conversación sincera, el valor de escuchar una risa o percibir el cansancio y la alegría en una voz, por frías letras en una pantalla que jamás podrán abrazar.
Mientras creemos mantenernos comunicados, lentamente nos estamos alejando unos de otros. Porque conectar no es solamente escribir. Conectar es escuchar, mirar, compartir silencios y dedicar tiempo; ese tiempo que hoy parece haberse vuelto un lujo.
Quizás el verdadero desafío de esta era digital no sea estar siempre disponibles, sino volver a ser realmente presentes.
Christian Placencia Muñoz




