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IA en la formación escolar

Abundante es la cantidad de empresas que está ofreciendo cursos para introducir la IA en los colegios, transformándose en una moda a la que muchos directivos están corriendo impulsivamente. Sin embargo, ¿hay consideraciones previas que resolver? Especialmente en la dimensión formativa, ¿qué cuidados implica la inserción de la IA en las prácticas docentes y en las actitudes personales a desarrollar por parte de los alumnos?

En este contexto, hay un reciente caso que la revista Nature publicó sobre los riesgos humanos en el uso de la IA y que debería ser analizado por los directivos escolares que están insertando esta tecnología sin la suficiente diagnosis.

El estudio “Los científicos inventaron una enfermedad falsa. La IA le dijo a la gente que era real”, que se puede leer sin restricciones en nature.com, presenta una investigación de Almira Osmanovic.

En síntesis, ella creó información falsa de un autor y una universidad inexistentes y luego, la subió a un servidor de acceso abierto para manuscritos científicos previos a su revisión formal. La investigación buscaba observar si los chatbots de IA, por ejemplo de Gemini o ChatGPT, incluirían estos datos falsos. La hipótesis se verificó: los chatbots de IA comenzaron a repetir, como si fuera verdadera, una enfermedad inventada, es decir, falsa.

Para abordar adecuadamente la inmersión formativa de esta nueva herramienta, es conveniente tener presente que el aprendizaje se cumple a través del logro de conocimientos firmes que los alumnos van adquiriendo desde su inmersión preescolar. Progresivamente, a los estudiantes se les ejercitan las habilidades superiores, las que se van consolidando en el ciclo de enseñanza media.

Vale la pena insistir en algo que ya hemos afirmado en anteriores columnas, a saber, que los conocimientos previos con que cuentan los alumnos al iniciar el ciclo de enseñanza media son fundamentales para formar una memoria suficientemente robusta para ayudarles a resolver problemas futuros y articular sus nuevos conocimientos.

También no podemos dejar de considerar que el trabajo educativo hasta los 18 años es clave en lo concerniente al desarrollo y estimulación del cerebro, lo que se logra a través de diversas actividades pedagógicas que respondan a la integridad de cada alumno.

Desde esta perspectiva, si se decide incluir la temática de IA en las escuelas, parece razonable que ello ocurra en los niveles finales de enseñanza media.

No obstante, habría que hacerse cargo de unos asuntos ineludibles: formar en el marco ético desde el cual los alumnos usarán la tecnología, se deberían afinar los objetivos de aprendizaje, ciertamente hay que capacitar a los docentes en el dominio técnico y en la dimensión ética en el uso de la IA; y también es apropiado responder a preguntas claves, como por ejemplo: para qué incluir esta temática, o lo que es lo mismo, hay que especificar los fines; detallar, en concreto, cómo con el uso de la IA se favorece el desarrollo de hábitos intelectuales; y es necesario establecer cómo se inhibirá la dependencia de los alumnos respecto de la IA.

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