La reciente licitación impulsada por la Dirección de Aeropuertos del Ministerio de Obras Públicas para estudiar la factibilidad de un aeropuerto de carga en la macrozona centro sur abre una oportunidad que trasciende lo técnico. Además de evaluar demanda, infraestructura o localización estratégica, el proyecto puede definir el rol que jugará la Región de Ñuble en el mapa logístico y productivo del país en las próximas décadas.
El estudio, con una inversión superior a los $400 millones y un horizonte de 18 meses, analizará condiciones en las regiones del Maule, Ñuble, Biobío y La Araucanía, con el objetivo de determinar si existe una demanda real que justifique el desarrollo de infraestructura aeroportuaria de carga especializada. También evaluará si resulta más eficiente exportar directamente desde la macrozona o continuar dependiendo del aeropuerto de Santiago, como ocurre actualmente.
En ese escenario, Ñuble no parte desde cero. Cuenta con atributos que la posicionan como una alternativa competitiva: una fuerte vocación agrícola y agroindustrial, una creciente demanda por exportaciones de productos frescos y una ubicación estratégica en el eje central del sur de Chile. A ello se suman inversiones relevantes en riego e infraestructura hídrica, que anticipan un aumento significativo en la capacidad productiva regional.
La eventual instalación de un aeropuerto de carga es una inversión que puede marcar un antes y un después. Reduciría tiempos de exportación, mejoraría la competitividad de los productores locales y abriría nuevas oportunidades de empleo, tanto calificado como no calificado. Además, permitiría avanzar en un objetivo país largamente postergado: la descentralización efectiva del desarrollo.
Sin embargo, la decisión no se tomará en el vacío. Existen otras regiones con legítimas aspiraciones, y algunas con ventajas ya instaladas, como la infraestructura aeroportuaria y portuaria del Biobío. Incluso, desde el Maule se ha impulsado originalmente esta iniciativa con una clara intención de capturar esta inversión. En este contexto, la competencia será real y exigente.
Por ello, si Ñuble quiere ser protagonista y no espectador, el impulso debe ir más allá de las autoridades sectoriales. Se requiere una acción decidida y coordinada de los gremios productivos, del mundo político y de la sociedad regional en su conjunto. No basta con tener condiciones favorables; es necesario visibilizarlas, defenderlas y convertirlas en una propuesta sólida.
La definición de la localización —donde sectores como General Cruz, Rucapequén o Cocharcas aparecen bien posicionados— será un aspecto técnico clave. Pero la capacidad de articular una visión regional compartida será igual o más determinante.
Ñuble tiene ante sí una oportunidad concreta de transformarse en un polo logístico del sur de Chile. De pasar de ser una región productora a una región que también lidera los procesos de exportación. De acortar distancias, no solo geográficas, sino también en desarrollo.
Las oportunidades de esta magnitud no son frecuentes. Y cuando aparecen, exigen convicción, liderazgo y unidad. El aeropuerto de carga no está asegurado. Pero sí está abierta la posibilidad. Dependerá de Ñuble que esa puerta no se cierre.




